Adiós al mítico restaurante de Bilbao que se hizo famoso por su increíble decoración y comida: «Ya echamos de menos sus costillas»
El restaurante Balicana en Bilbao anuncia que cierra sus puertas después de seis años
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Balicana, el restaurante de Bilbao que convirtió la calle Henao en una pequeña jungla urbana, ha anunciado que cierra definitivamente sus puertas tras seis años de vida. El local recogió sus últimos servicios el pasado 12 de enero y ha sido ahora cuando sus propietarios han decidido comunicar a través de redes sociales, que cierran. La noticia ha corrido rápido porque no era un restaurante cualquiera, sino uno de esos espacios que la gente visitaba por su comida y su ambiente.
La familia Sola, responsable del proyecto, ha explicado el cierre con un mensaje lleno de gratitud y nostalgia tanto a sus clientes como al equipo que lo ha sacado adelante durante estos casi seis años. Hablan de un viaje de sabores, risas y aprendizajes que queda ya en el recuerdo, pero también de la necesidad de abrir nuevas rutas y centrarse en otros negocios que siguen creciendo. Tras vender el espectacular local de 550 metros cuadrados, agradecen tanto al público como al equipo, al que consideran el alma del lugar. Y, pese al tono de despedida, dejan claro que Balicana seguirá siendo parte de su historia y de la ciudad. Pero el adiós a este famoso restaurante ha sorprendido porque precisamente había logrado algo complicado: convertirse en una referencia casi desde el principio, y no precisamente en un contexto fácil. Balicana abrió el 10 de febrero de 2020, apenas unas semanas antes de que estallara la pandemia. Aun así, consiguió reconducir el golpe y consolidarse como uno de los locales más llamativos del centro de Bilbao, tanto por su estética como por una propuesta gastronómica que mezclaba técnicas y sabores sin miedo a romper moldes.
Adiós al mítico restaurante de Bilbao que se hizo famoso por su increíble decoración y comida
Aunque empezó con la peor de las suertes, Balicana no tardó en ganarse al público. Su estética tropical, sus luces cálidas, las esculturas precolombinas y ese ambiente cosmopolita que parecía sacado de ciudades como Madrid o Barcelona hicieron que se convirtiera en uno de los sitios de moda de Bilbao. Y todo ello acompañado de un aviso que sorprendía a muchos: el local era sólo para mayores de edad. No se admitían niños, una decisión poco habitual que también contribuyó a construir su identidad.
La cocina tampoco se quedaba atrás. La carta combinaba influencias mediterráneas, tropicales y del sudeste asiático, con técnicas como la parrilla, el tandoori o el rodizio en plena acción. De allí salían tiraditos peruanos, zamburiñas gratinadas, rollitos balineses, humus casero, pad thai con carabineros o un tartar de atún rojo muy comentado. Y, por supuesto, platos que llegaron a ser icono del restaurante, como el chili crab de bogavante con arroz bomba y cacahuete. Muchos clientes ya han expresado que echan de menos sus costillas o esos platos que acababan compartiendo en mesa casi por inercia.