Oposiciones, otro agujero de la Ley Trans que perjudica a las mujeres
La primera sorpresa que se han llevado los funcionarios de los registros civiles encargados de tramitar los cambios de sexo que permite la Ley Trans impulsada por el Ministerio de Igualdad de Irene Montero es que se aprecia un hecho recurrente: los hombres que inician el procedimiento para la modificación del sexo registral a mujer, piden en su inmensa mayoría conservar su nombre de varón. Los primeros días de aplicación de la nueva normativa han derivado en un incremento llamativo de las personas interesadas en cambiar de sexo, y también son muchas las que, aun sin iniciar el procedimiento, acuden para solicitar información. «Detectamos que muchos piden conservar su nombre, realmente, sólo pretenden la modificación de la mención registral de sexo», afirman. La ley no pone ningún impedimento. De hecho, la Ley Trans modifica la Ley del Registro Civil, que hasta ahora denegaba expresamente aquellos nombres que pudiesen hacer «confusa» la identificación. Ahora, este artículo se matiza: «A efectos de determinar si la identificación resulta confusa no se otorgará relevancia a la correspondencia del nombre con el sexo o la identidad sexual de la persona».
Aunque es pronto para determinar las razones que llevan a los hombres a registrarse como mujeres conservando su nombre de varón es posible que, entre otras, obedezcan al hecho de que en determinadas oposiciones priman medidas de acción positiva para que se alcance un mayor porcentaje de mujeres. Policía Nacional y Guardia Civil, por ejemplo. Estas dos instituciones reservarán en sus procesos de selección un porcentaje de plazas para las mujeres. Para asegurar la cobertura del porcentaje de plazas reservado a las mujeres, éstas tendrán preferencia sobre los candidatos varones siempre que, superado el aprobado, la diferencia de puntos entre ambos no sea superior al 15%. Imagínense el caso de un hombre que cambia de sexo con el fin de beneficiarse expresamente de las medidas de acción positiva orientadas a preservar la presencia femenina en la Guardia Civil y la Policía Nacional. Su ventaja en las pruebas físicas, sin ir más lejos, será indudable ¿Fraude? Legalmente, no, porque la ley no establece explicar las razones del cambio de sexo. En estas circunstancias, ¿quién pierde? Obviamente las mujeres. Otro efecto perverso de una ley que, en lugar de defenderlas, las perjudica seriamente.
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