Doce años en las sandalias del Pescador
En cuatro ocasiones durante los últimos dos años escribí en este mismo papel digital que Jorge Mario Bergoglio, antes que cualquier otra cosa, era el Papa Francisco. Con todo lo que ello significa: el Papa, sucesor de Pedro. Punto.
El Pontífice fallecido era, además, jesuita, por lo tanto, una persona consagrada desde su juventud al Evangelio como «pastor» que protege a sus ovejas. El resto son cuentos.
Un Papa libre en sus gestos, quizá el jefe de los millones de católicos más libre de los últimos 500 años muy a la par con San Juan Pablo II, pero firme en los dogmas de los que no se ha separado en su magisterio ni el más mínimo ápice. Cierto, controvertido y rompedor como buen líder cósmico nacido en esa tierra tan cercana y tan lejana como Argentina, hijo de pobres emigrantes. Ha sido el primer hijo de San Ignacio de Loyola (SJ) en llegar a Papa (conducido teológicamente a lo largo de su vida por otro famoso jesuita, el francés Henri Du Lubac) y el primer hispanoamericano en sentarse en la Cátedra de Pedro.
Lo que resulta realmente conmovedor en España es que sean los ateos, agnósticos y un sinfín de enemigos declarados de la Iglesia Católica, los que se han puesto como magdalenas lacrimosas ante el hecho físico de la desaparición de Francisco. Creen que la Iglesia de Cristo es un partido político y desde esa perspectiva enjuician todo lo que ocurre alrededor de la nave de Pedro. Creen, erróneamente, que porque Francisco puso especial énfasis en la defensa de los marginados es de su exclusivo patrimonio. Se quedan en la superficie; el Pontífice, que ha entrado ya en el umbral de la Historia, se ha conducido como lo ha hecho durante toda su vida desde la profundidad del Evangelio y dentro de los márgenes de la Fe y desde el propio ancestro eclesiástico. Nadie dijo que esos márgenes deben permanecer inalterables. El Mensaje es Vida, Movimiento, Abrazo. Interpretar desde la óptica marxista o los hueros postulados fracasados y caducos sobre la base del colectivismo es el camino seguro al error para, finalmente, no entender nada. Sucedió con San Juan Pablo II, luego con Benedicto XVI y ahora con Francisco.
Tampoco es fácil compartir los denuestos de los que así mismos se consideran cristianos/católicos. ¿Acaso el Papa Bergoglio ha bendecido el aborto? ¿Acaso su antecesor Ratzinger no fue clave para que su silla vacante fuera ocupado por el entonces cardenal de Buenos Aires cuando fue llamado cuando lo que le pedía el cuerpo era jubilarse en algún lugar ignoto del Fin del Mundo?
Su ejemplo, estar con los pobres es más difícil que juntarse con los ricos, permanece. Su magisterio es pura tradición eclesial. Para los conservadores se ha pasado por “comunista”. Para los renovadores se ha quedado corto. Lo de siempre. ..”In medium, virtus”.
Y lo más importante. ¿Para Dios?
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