Opinión

Cuba, memoria y corazón: el rol de España

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Los acontecimientos domésticos españoles, con sus irrefrenables y cotidianos escándalos, junto con las dos guerras en el mundo (aunque también hay otras en distintas regiones africanas), están difuminando informativamente lo que está ocurriendo en la que fue la Perla del Caribe, la isla grande, tan española como lejana, tan sufrida como maltratada por un mal sueño que dura ya 64 años.

La derrota del sátrapa Batista (1 de enero de 1959) a manos de los barbudos de Sierra Maestra comandados por Fidel Castro y Camilo Cienfuegos dio paso a una esperanza donde una inmensa mayoría de cubanos, hartos ya de estar hartos, buscaba la patria libre, ser dueños de su propio destino y, sobre todo, la libertad y un desarrollo acorde con sus inmensas posibilidades como nación emancipada (1898) de la antigua y lejana metrópoli (España).

Ese sueño «revolucionario» de entonces, dirigido por los hermanos Castro, pronto comenzó a cosechar asesinatos, represión, abusos, dictadura y miedo. Trataron de implantar un sistema comunista en medio del Caribe, a unas millas de la que ya era primera potencia mundial tras la II Guerra Mundial, porque era el camino más directo hacia una dictadura personal, cuyo líder había entrado en la categoría de mito, tras las alabanzas de The New York Times (Ernest Hemingway) y de la intelectualidad europea.

Aguantó la dictadura como pudo hasta que la URSS (el castrismo se entregó totalmente a Moscú a cambio de leche en polvo y petróleo) saltó por los aires y desde entonces, mal que mal, la isla más bella del mundo ha ido degenerando hasta estar en la muerte en vida.

Ya no hay posibilidad de retorno. La dictadura comunista, fracasada en todos los frentes (el bloqueo es simplemente un cuento caribeño), es repudiada por un 95 por ciento de la población y esperan con agua de junio la intervención, a ser posible pacífica, de Estados Unidos.

Y es aquí donde quiere lanzar un SOS nacional. Si de los cubanos dependiera, optarían por la presencia de una potencia europea, es decir, España, para reinventar su país, levantar y reconstruir todo a partir de la nada. Cuando coincidieron Castro y Franco, dos gallegos, resultaron en lo político enemigos íntimos, pero jamás rompieron relaciones diplomáticas; es un dato no precisamente baladí.

Lo que trato de insinuar es que los españoles tenemos un rol importantísimo que jugar allí. Político (la Transición como modelo), económico y cultural. El Gobierno actual en España no está precisamente para ofrecer muchas ayudas a nadie, pero la próxima administrativa que venga debería tener a Cuba como una de sus máximas prioridades. No es un país extranjero. Y debe liderar en Europa las ayudas de la primera transnacional política del mundo en la etapa que está a punto de abrirse, quizá mucho antes de lo que creen muchos.

Primero, terminar con una dictadura que habla español; segundo, coadyuvar en el nuevo amanecer cubano y hacer todo lo posible para que ese pueblo sacrificado y torturado por tantas cosas sepa que no están solos.

¡Ojalá! ¡Viva Cuba libre! Porque hoy no lo es.