Opinión

Un 8M para las mujeres de «alto valor» (y no eres tú)

  • Teresa Giménez Barbat
  • Escritora y política. Miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación cívica que dio origen al partido político Ciudadanos. Ex eurodiputada por UPyD. Escribo sobre política nacional e internacional.

«Las mujeres de alto valor», dice el cartel del Ministerio de Igualdad. No parece que el feminismo sea ya un arma de progreso —la mayoría de las ideologías que terminan en «-ismo» tienen una visión de la humanidad demasiado unidimensional—, y mucho menos que nos represente a la mayoría. Cuando fui eurodiputada me identifiqué con una corriente, el feminismo liberal, que subrayaba la libertad, la responsabilidad y la capacidad de actuar de las mujeres, y que abogaba por una relación más empática e inclusiva con los hombres. Bajo esta idea, acepté encabezar un manifiesto para el Día de la mujer impulsado por la periodista Berta González de Vega para defender que la gran mayoría de las mujeres en España éramos libres para elegir carrera profesional, trabajo y tipo de vida. Fue publicado en El País el día 6 de marzo del 2018. Se adhirieron veintisiete mujeres más y lo titulamos: «No nacemos víctimas». Este año, la misma González de Vega, ha colgado en su cuenta de X diversos vídeos conmemorativos representados por varias de las mujeres que lo firmamos en su día.

¡Las cosas han cambiado en España. En Madrid, la asistencia se mantuvo en niveles bajos comparados con los picos históricos, lo que algunos medios calificaron como un «pinchazo» o la continuación de un declive que ya se venía constatando los últimos años. Se convocaron dos marchas principales a la misma hora (12:00), reflejando la persistente división del movimiento feminista por quinto marzo consecutivo. La Comisión 8M, bajo lemas como «Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes» y «Amigas, al fascismo lo paramos las feministas», partió desde Atocha. El Movimiento Feminista de Madrid, con consignas como «Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista» y «Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas», salió desde Cibeles hacia Plaza de España. Según los datos provisionales de la Delegación del Gobierno y la Policía Nacional, la asistencia total en ambas fue de alrededor de 35.000 personas, (24.000 en la de la Comisión 8M y 11.000 en la del Movimiento Feminista). Como suele suceder, las organizadoras elevaron exageradamente las cifras: hasta 160.000-165.000 en una y 20.000 en la otra.

Cartel del Ministerio de Igualdad.

La prensa coincide en que no se trata del «menos que nunca» absoluto (las cifras del 2023 fueron parecidas o inferiores), sino de una tendencia descendente desde la división en 2022 (56.000 participantes entonces). Las razones principales que se esgrimen van de la división interna causada por las discrepancias sobre la Ley Trans y la abolición de la prostitución a otros enfoques ideológicos que fragmentan las convocatorias, diluyendo la unidad. También tiene la culpa la ensaladilla progre/woke que ha erosionado el movimiento: las consignas contra el fascismo, Trump, la extrema derecha y especialmente la guerra en Irán (con apoyo a mujeres iraníes y «No a la guerra») son vistas por algunos como una extensión del mitin político, lo que aliena a sectores que no comulgan con todo eso a la vez.

En resumen, el 8M del 2026 reflejó un feminismo que aún mantiene su poder de convocatoria pero que está fragmentado por las divisiones y la politización. Y muy seguramente también por los grandes chascos ofrecidos por los partidos de izquierda, tradicionalmente los más feministas del orbe, con sus casos de abusos sexuales en el ámbito laboral, prostitución y otros bochornos. En cualquier caso, el 8M, al vincularse a la izquierda, es desde hace tiempo el día de algunas mujeres y sólo de ellas. Como proclama el cartel del gobierno socialista, para esas de “alto valor” que, lógicamente, son las de izquierda que compran sus dogmas. El feminismo que más pretendía hablar en nombre de todas, y que más enarbolaba la bandera de la diversidad, se demostró un fraude. Para el feminismo hegemónico no existen ni las mujeres conservadoras, ni las liberales ni las que van por el mundo sin adscripción de ningún tipo. Ponen los intereses políticos por delante de la ética de la libertad. Y así les va.