Las sustancias tóxicas que la UE no ha prohibido siguen en pañales, juguetes y agua potable

El informe de EEB y ClientEarth denuncia retrasos de hasta cuatro años en 14 de 22 expedientes clave

Casi dos terceras partes de los expedientes están paralizados pese al riesgo para la salud humana

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las sustancias tóxicas que deberían haber desaparecido de los plásticos, los pañales, los juguetes o el agua potable siguen presentes en la vida cotidiana de millones de europeos.

Un informe recientemente publicado por European Environmental Bureau (EEB) y ClientEarth cifra en más de 100.000 toneladas el volumen de contaminación química acumulada durante años como consecuencia directa de los retrasos injustificados de la Comisión Europea en la restricción de sustancias tóxicas.

La cifra, que sólo contempla seis de los 22 expedientes incluidos en la Hoja de Ruta de Restricciones, ilustra la magnitud de un problema que afecta a toda la ciudadanía y que no muestra la magnitud real del problema.

Bruselas lanzó esa hoja de ruta el 25 de abril de 2022 con el objetivo de acelerar la eliminación de los compuestos más nocivos en circulación. Cuatro años después, el balance es demoledor: 14 de los 22 expedientes de restricción están paralizados y sólo seis han llegado a convertirse en ley. El principal obstáculo, según el propio informe, ha sido la propia institución que diseñó el plan.

Cuatro años de parálisis

Los retrasos no son menores. Allí donde la normativa obliga a la Comisión a tramitar los expedientes en tres meses una vez recibidos, el tiempo medio de resolución ha sido de 25,3 meses. En el peor de los casos registrado, el proceso se prolongó 47 meses. En conjunto, los seis expedientes analizados acumulan 167 meses de demora sobre el calendario previsto.

Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, señala que las demoras injustificadas e ilegales permiten que sustancias tóxicas que deberían haber sido ya eliminadas puedan seguir presentes en el agua potable, alimentos y materiales en contacto con ellos, plásticos, textiles, pañales, juguetes y muebles. La denuncia apunta directamente a una institución que incumple sus propias obligaciones legales.

PFAS, bisfenoles y PVC

Entre las sustancias afectadas figuran algunos de los grupos de compuestos más preocupantes para la comunidad científica. Los PFAS —conocidos como tóxicos eternos por su práctica imposibilidad de degradarse en el medioambiente— siguen sin una restricción amplia y efectiva. Los bisfenoles tienen su proceso bloqueado en sus primeras fases, en manos de las autoridades alemanas. El PVC con sus aditivos ni siquiera ha recibido una propuesta formal de restricción.

Los ortoftalatos, detectados de forma generalizada en el organismo de los europeos y considerados uno de los grupos que más preocupan a los científicos por sus efectos de alteración hormonal, tampoco han entrado aún en el proceso regulatorio, a pesar de que se esperaba que lo hicieran en 2023. La contaminación química por estos compuestos ha superado, según los propios investigadores, los límites que el planeta puede absorber.

Abuso de poder

El informe no sólo denuncia los retrasos: acusa a la Comisión de abuso de poder y mala praxis. La abogada de ClientEarth Hélène Duguy advierte de que el incumplimiento sistemático de los compromisos la expone a demandas judiciales. El Defensor del Pueblo Europeo ya se pronunció en 2023 en ese mismo sentido, calificando de mala administración el incumplimiento reiterado del plazo legal de tres meses.

La restricción del PFHxA, uno de los PFAS, ejemplifica cómo, incluso cuando se llega a proponer alguna medida, el alcance resulta insuficiente. Aunque los comités científicos de la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA) respaldaban una restricción amplia de esta sustancia tóxica, la Comisión optó por una limitada sin explicar los motivos, contraviniendo su obligación legal de justificar las divergencias respecto a los dictámenes técnicos.

Desregulación activa

El informe sitúa este bloqueo en un contexto más amplio: la ofensiva desreguladora que la Comisión ha puesto en marcha en colaboración con determinados intereses industriales.

Christine Hermann, responsable de políticas sobre sustancias químicas de EEB, afirma que la inacción de la institución está contribuyendo a la contaminación generalizada y al daño tanto para los ciudadanos como para el medioambiente, e insta a los líderes europeos a priorizar la protección y acelerar el plan de la UE.

De Prada recalca que la política desreguladora va en sentido contrario al objetivo de la Hoja de Ruta, al eliminar normas que deberían proteger la salud frente a las sustancias tóxicas. La Iniciativa Europea de Biomonitorización Humana (HBM4EU) ya ha constatado que muchos de estos compuestos están presentes en el organismo de buena parte de los europeos.

Cáncer y daño reproductivo

Los efectos sobre la salud de la exposición continuada a estas sustancias son bien conocidos por la ciencia. El informe enumera entre las consecuencias previsibles nuevos casos de cáncer, pérdida de coeficiente intelectual infantil, alergias, problemas reproductivos e intoxicación de suelos y aguas. Riesgos que, en muchos casos, podrían haberse evitado si las restricciones se hubieran tramitado en los plazos legales.

La Hoja de Ruta de Restricciones fue concebida para acelerar el uso de las competencias existentes en el marco del Reglamento REACH. El REACH es un reglamento de la Unión Europea sobre Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de sustancias y mezclas químicas, vigente desde 2007. Su objetivo principal es mejorar la protección de la salud humana y el medio ambiente frente a los riesgos de los productos químicos.

Para Hogar sin tóxicos, esta parálisis no supone sólo un fracaso administrativo: implica que millones de ciudadanos europeos continúan expuestos, a diario y sin saberlo, a compuestos que ya deberían estar prohibidos por ley.