Castilla y León Lince ibérico

El lince ibérico conquista el norte de España: nacen cinco cachorros de linces en el Cerrato palentino

El seguimiento por telemetría en el Cerrato palentino confirma cinco cachorros de linces de dos camadas

Dos de los 11 linces liberados en 2025 ya son madres: Virgo, con tres crías, y Valeriana, con dos

Tres de cada cuatro linces soltados en el Cerrato palentino se fijaron al territorio, muy por encima del promedio

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Los cinco primeros cachorros de lince ibérico de dos camadas diferentes en el primer año del proyecto de reintroducción en Castilla y León. (JCyL)
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los linces ibéricos han protagonizado en el Cerrato palentino un hito que la conservación de la naturaleza en España llevaba décadas esperando: el nacimiento de las dos primeras camadas en libertad en la mitad norte del país.

Cinco cachorros, hijos de Virgo y Valeriana, han llegado al mundo en esta comarca palentina apenas doce meses después de que arrancara el programa de reintroducción de la Junta de Castilla y León.

Es la primera reproducción silvestre de la especie registrada en el norte peninsular tras décadas de ausencia. Un resultado que, en el primer año de proyecto, los propios técnicos califican de totalmente excepcional.

Primera cría silvestre en el norte

El seguimiento por telemetría ha permitido precisar que los dos partos tuvieron lugar entre la última semana de marzo y la primera semana de abril.

Virgo, la primera hembra en pisar el Cerrato palentino el 17 de febrero de 2025, procedente del centro de El Acebuche, formó pareja con Villano, ejemplar de Zarza de Granadilla: juntos son padres de tres de las cinco crías.

La segunda familia la forman Valeriana, liberada el 29 de abril desde el centro de Silves en Portugal, y Vendaval, cedido por Castilla-La Mancha mediante traslocación. A ellos corresponden los otros dos cachorros.

El hecho de que un ejemplar de traslocación —es decir, capturado en el campo, no nacido en cautividad— haya participado en la cría subraya la importancia del protocolo nacional de traslocaciones para el refuerzo de las nuevas áreas de reintroducción.

Una comarca con vocación de refugio

El Cerrato palentino se extiende al sureste de la provincia de Palencia, en el extremo meridional de Castilla y León, donde los páramos calcáreos recortados por valles encajados dan paso a encinares, enebrales y pastizales de cereal. Su abundante población de conejo de monte —presa fundamental del félido— lo convirtió en candidato natural para acoger la especie.

La comarca comparte frontera natural con los valles del Pisuerga y atesora una biodiversidad propia de la transición entre la meseta norte y el ambiente mediterráneo: buitres leonados, culebras de escalera y una fauna de mamíferos que hacía tiempo merecía un vecino de semejante talla.

La inversión de la Junta de Castilla y León para preparar este territorio supera ya los dos millones de euros, empleados en mejoras de hábitat —bebederos, majanos—, señalización de carreteras, vallados y nuevas instalaciones de cuarentena para los ejemplares.

El balance del primer año

A lo largo de 2025 se soltaron once linces en el Cerrato palentino: seis procedentes de centros de cría —Virgo, Vuelvepiedras, Vouga, Valeriana, Villano y Viñegra—, tres de traslocaciones desde Castilla-La Mancha —Vendaval, Venadillo y Ulterior— y dos excedentes del programa de cría —Fausto y Nala—.

De ellos, cinco no han sobrevivido: cuatro murieron atropellados en las carreteras P-412, A-67 y P-405, y uno pereció ahogado en el canal de Villalaco. La tasa de supervivencia resultante, en torno al 55%, se sitúa dentro del rango habitual de los programas de reintroducción, cuya horquilla oscila entre el 55% y el 60% durante los primeros años.

Otro dato llamativo: sólo uno de los once ejemplares liberados no se fijó al territorio, cuando el promedio general del programa ronda el 25% de fracaso en el establecimiento. El apoyo social medido en las encuestas de participación supera el 95%, y más del 70% de la superficie del área de reintroducción cuenta ya con acuerdos de gestión firmados con propietarios y titulares de cotos de caza.

El mapa nacional de la especie

El balance de linces ibéricos en España al cierre de 2024 arroja 2.047 ejemplares en territorio nacional, y 2.401 en el conjunto de la Península Ibérica. En 2002 apenas quedaban 94 repartidos entre Doñana y Sierra Morena.

La población ha crecido a un ritmo medio anual del 29% desde 2020 y se reproduce ya en 17 áreas geográficas distintas. Castilla-La Mancha concentra hoy 942 linces, Andalucía 836 y Extremadura 254.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha rebajado el estatus de la especie de «en peligro» a «vulnerable», aunque los expertos advierten de que el objetivo de 750 hembras reproductoras territoriales —condición para declarar el estado de conservación favorable— aún no se ha alcanzado: en 2024 se contabilizaron 470.

El atropello sigue siendo la principal amenaza no natural: en 2024 se registraron 214 muertes, de las que 162 —el 75%— se debieron a colisiones con vehículos. Una realidad que el propio programa del Cerrato palentino ha padecido y que explica la inversión en señalización y vallados perimetrales.

El próximo capítulo

En 2026, el grupo de trabajo del lince ibérico ya ha planificado la liberación de al menos once nuevos ejemplares en el Cerrato palentino: ocho procedentes del programa de cría, uno cedido por la Junta de Andalucía y otros dos aportados por Castilla-La Mancha en los últimos días.

Además, el próximo curso escolar arrancará un programa de educación ambiental que recorrerá todos los colegios de la comarca y las comarcas vecinas, con exposición itinerante y material didáctico elaborados específicamente para el proyecto.

La especie que rozó la extinción hace apenas dos décadas cría ya en el norte de España. Los cinco linces recién nacidos en el Cerrato palentino no son sólo una buena noticia: son la prueba de que el trabajo técnico, el compromiso territorial y la inversión sostenida pueden devolver a un animal al lugar del que nunca debió desaparecer.