Misión a la Luna

La misión ‘verde’ de Artemis a la Luna: desde hidrógeno limpio a datos para combatir el cambio climático

El Sistema de Lanzamiento Espacial usa hidrógeno líquido como combustible principal para minimizar sus emisiones

La misión Artemis generará datos clave para combatir el cambio climático desde el espacio

El programa moviliza más de 3.800 empresas y prevé usar el hielo lunar como combustible limpio

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Este 2 de abril el cohete más potente de la historia ha iluminado la noche de Cabo Cañaveral. La misión Artemis II pone rumbo a la Luna medio siglo después de la última pisada humana en su superficie, y lo hace con una pregunta que el programa Apolo nunca se formuló: cuánto le cuesta al planeta que lo hagamos, y qué ganará a cambio. La respuesta es más compleja, y más esperanzadora, de lo que parece.

Entre las prioridades del programa Artemis está oculto un pensamiento que a los defensores de la vida y de los ecosistemas del planeta Tierra les quita el sueño: el hombre vuelve a conquistar este satélite mientras estamos maltratando nuestro hogar original. Sin embargo, los esfuerzos de la NASA por darle una huella verde a esta misión a la Luna sí que están presentes.

Un combustible que deja agua

El hidrógeno líquido fue el combustible elegido por su limpieza como propulsor principal del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS): la reacción de hidrógeno con oxígeno líquido produce, en esencia, vapor de agua. Es la diferencia más notable respecto a los cohetes de queroseno de SpaceX o los antiguos Soyuz soviéticos, cuya combustión libera hollín negro directamente a la atmósfera.

El SLS combina combustible sólido con hidrógeno y oxígeno líquidos, mientras que los cohetes de SpaceX y los Soyuz rusos utilizan queroseno. Los propulsores sólidos auxiliares sí emitirán partículas de alúmina y cloruro de hidrógeno durante el lanzamiento, pero su impacto se producirá en la troposfera baja, donde los procesos de dispersión resultan más rápidos que en la estratosfera.

Nave Orión. (Foto: NASA).

Orión: la cápsula que volverá a volar

La misión también tiene su vertiente de economía circular. Los cuatro astronautas a bordo de la nave Orión es parcialmente reutilizable. Su módulo de tripulación, la cápsula diseñada por Lockheed Martin que aloja a los cuatro astronautas, está concebido para ser usado hasta en diez vuelos distintos.

De este modo se aplica una filosofía que se acerca a la economía circular aplicada a la exploración espacial: recuperar, inspeccionar, certificar y volver a lanzar. En diciembre de 2025, Lockheed Martin anunció planes para ofrecer vuelos comerciales a bordo de Orión en el futuro, con el objetivo de reutilizar las cápsulas tras Artemis III para reducir el coste de las operaciones.

La cara B de esa reutilización tiene, sin embargo, el límite físico de los materiales. La única parte de la nave Orión que se recupera de la misión es la cápsula, que es el lugar en el que se encuentra la tripulación.

El Módulo de Servicio Europeo —la pieza construida por Airbus que proporciona propulsión, energía eléctrica y soporte vital durante el viaje— se separa antes de la reentrada y se destruye al rozar con la atmósfera.

El escudo térmico de Orión utiliza además un sistema ablativo de un solo uso: a diferencia de las losetas cerámicas del transbordador espacial, diseñadas para ser reutilizadas, este material se consume durante la reentrada porque la velocidad de retorno desde la Luna es un 30% superior a la de la órbita baja terrestre.

La paradoja del hollín en las alturas

Los cohetes difieren de la aviación en que liberan el carbono negro directamente en la estratosfera, donde el transporte atmosférico relativamente lento permite que ese carbono negro persista entre tres y cinco años, según el químico atmosférico Christopher Maloney, del Cooperative Institute for Research in Environmental Sciences de la Universidad de Colorado.

Aunque la cantidad de combustibles quemados por los cohetes equivale a menos del 1% de la utilizada por los aviones comerciales, la proporción de carbono negro emitido frente al total de sus emisiones es mucho mayor, por lo que se necesitan menos cohetes para igualar la cantidad de carbono negro emitida por los aviones.

El programa Artemis, diseñado para lanzar aproximadamente una misión cada diez meses según el nuevo calendario de la NASA, mantendrá una cadencia notablemente inferior a la del tráfico aéreo global.

Artemis vigilará la Tierra

La vertiente menos conocida de la misión lunar será su contribución al conocimiento climático terrestre. La NASA destina más de mil millones de dólares al año en ciencias de la Tierra y tiene más de una docena de satélites en órbita observando el océano, la Tierra, el hielo, la atmósfera y la biosfera.

Artemis ampliará esa capacidad: desde la perspectiva única de la órbita lunar, astronautas e instrumentos de a bordo obtendrán vistas del sistema Tierra imposibles desde la órbita baja.

La exadministradora adjunta de la NASA Lori Garver mantiene la esperanza de que el programa Artemis pueda contribuir a descubrimientos científicos en el campo del cambio climático, especialmente en la medición de emisiones de gases de efecto invernadero en partes del mundo con escaso acceso a ese tipo de información.

El hielo lunar como combustible del mañana

El polo sur de la Luna esconde el argumento sostenible más sólido de todo el programa. Estudios recientes han confirmado la existencia de agua en forma de hielo en cráteres que permanecen en sombra permanente cerca de los polos lunares. Ese hielo no es sólo un recurso científico.

La subadministradora de la NASA Pamela Melroy señaló el valor estratégico de aprovechar ese hielo de agua para fabricar combustible, aclarando que el desafío actual no está en poner botas en la Luna sino en definir los principios que guiarán la exploración humana más allá de la Tierra.

Obtener hidrógeno y oxígeno directamente de la Luna mediante electrólisis solar eliminaría la necesidad de lanzar toneladas de propelente desde la Tierra en cada misión posterior, reduciendo de forma notable la huella acumulada de la exploración del espacio profundo.

Energía solar en el espacio

Artemis tiene la misión de establecer una presencia humana sostenida en la Luna para finales de esta década, a diferencia del programa Apolo, que se centró en misiones de corta duración.

La estación orbital Gateway, pieza central de esa arquitectura, funcionará íntegramente con energía solar. Ningún combustible fósil abastecerá las operaciones en órbita lunar: el Sol, a 150 millones de kilómetros de la Tierra, será la única fuente energética de la infraestructura más avanzada que la humanidad haya construido jamás.

El legado tecnológico

La tecnología desarrollada para el programa Apolo se encuentra hoy en muchos elementos de la vida moderna: la comida envasada al vacío, el control digital de vuelo, los sistemas de absorción de impacto diseñados para el Saturno V que hoy se usan en la construcción de edificios a prueba de terremotos o las mantas de material reflectante para el aislamiento térmico.

El programa Artemis promete una segunda oleada de esas transferencias: materiales avanzados para condiciones extremas, sistemas de soporte vital de ciclo cerrado y tecnologías de conversión de energía con aplicación directa en la transición energética terrestre.

Una exploración con nombre propio

Gracias a cinco décadas de observaciones satelitales, aéreas, terrestres y desde la estación espacial, investigadores financiados por la NASA trabajan para comprender la evolución de los sistemas interconectados de la Tierra y descifrar los cambios naturales y los provocados por los seres humanos.

Artemis no interrumpirá ese trabajo: lo completará con la perspectiva más lejana que el ojo humano haya posado sobre el planeta azul desde las imágenes del Apolo 17 en 1972.

Cuando el SLS encienda sus motores esta noche, la humanidad volverá a la Luna con algo que no llevó en el Apolo: la conciencia de lo que dejó atrás. La pregunta que Artemis llevará en su mochila verde no es sólo si encontrará agua o helio-3 en el polo sur de la Luna. Es si seremos capaces de explorar un mundo nuevo sin repetir en él lo que llevamos siglos haciendo con el propio. La Luna lleva intacta 4.500 millones de años. Sería una pena que tardáramos poco en cambiarlo.