Deshielo en el ártico

Un gran terremoto en el Ártico desvela el deshielo de la región reviviendo el desastre del glaciar de Nepal

Un estudio internacional revela que el calentamiento del Ártico multiplica el riesgo de terremotos graves

Los científicos advierten de que este fenómeno también amenaza otras zonas montañosas del planeta

Así se desencadenó la mortífera riada de Nepal

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El triste suceso del desprendimiento del glaciar en Nepal tiene su gemelo en el Ártico con el permafrost como protagonista. Un equipo internacional de investigadores ha documentado por primera vez cómo el cambio climático y el calentamiento global pueden amplificar el riesgo sísmico en zonas de permafrost. Los científicos han tomado como referencia un caso real, el  ocurrido en la remota isla de Jan Mayen.

El permafrost es el suelo que permanece congelado durante todo el año en las regiones más frías del planeta, como el Ártico. Ese hielo actúa como el cemento en el hormigón: mantiene unida la roca. Pero cuando el hielo se descongela, el terreno pierde firmeza. Esa fragilidad puede convertir un simple temblor en una cascada de desastres naturales.

Magnitud 6,5

El 10 de marzo de 2025, un terremoto de magnitud 6,5 en la escala de magnitud de momento sacudió la isla de Jan Mayen situada en el Atlántico Norte. El seísmo desencadenó una gran avalancha de rocas.

La avalancha cubrió parte de un glaciar con rocas y montículos de escombros conocidos como molards, a unos 7 kilómetros del epicentro del terremoto. El hallazgo se publica hoy en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las publicaciones más prestigiosas del mundo.

¿Por qué ahora?

Los científicos se preguntaron por qué este terremoto en concreto provocó una inestabilidad tan pronunciada en la ladera, a pesar de que la región lleva siglos siendo sísmicamente activa.

«Este terremoto de 2025 es un ejemplo claro de una cascada de peligros naturales», explica el doctor Guilherme W. S. de Melo, investigador postdoctoral del centro Geomar Helmholtz de Kiel (Alemania) y autor principal del estudio.

«Nuestro estudio documenta, por primera vez, una avalancha de rocas provocada por un terremoto en la isla de Jan Mayen. La ladera volcánica pudo haberse vuelto cada vez más inestable debido a la degradación del permafrost», añade el investigador.

Avión en la isla volcánica Jan Mayen.

Isla volcánica remota

Jan Mayen es una pequeña isla situada en el extremo norte del océano Atlántico y pertenece políticamente a Noruega. Sólo está habitada por el personal de una estación meteorológica.

La isla se encuentra a unos 500 kilómetros al este de Groenlandia y a 550 kilómetros al norte de Islandia. Al igual que Islandia, se formó por la actividad volcánica de la Dorsal Mesoatlántica.

En Jan Mayen se alza el Beerenberg, el volcán activo más septentrional del planeta, que entró en erupción por última vez en la década de 1980. Desde su cráter descienden glaciares hasta unos 2.000 metros de altitud, hasta llegar a la costa.

Dos glaciares afectados

El terremoto afectó directamente a dos de esos glaciares. La intensa sacudida del seísmo principal provocó, en cuestión de minutos, una avalancha de rocas en una ladera situada sobre el glaciar Kjerulf.

Grandes volúmenes de roca volcánica se desprendieron y se extendieron sobre la superficie del glaciar, que hoy queda cubierto de escombros casi hasta la línea de costa.

Los datos por satélite también confirmaron otro fenómeno provocado por el terremoto: el desprendimiento de bloques de hielo, conocido como calving, en el vecino glaciar Weyprecht.

Sismógrafos y satélites

Para reconstruir lo ocurrido, el equipo internacional combinó datos sísmicos locales y regionales, modelos de propagación del movimiento del suelo e imágenes de satélite de alta resolución.

También emplearon mediciones de infrasonido para determinar el momento exacto del colapso de la ladera, además de registros de temperatura del aire y datos climáticos históricos de la zona.

Escaladores en el cráter del volcán Beerenberg en la isla Jan Mayen.

Un amplificador silencioso

La región es sísmicamente activa y los terremotos no son infrecuentes en Jan Mayen. Sin embargo, las observaciones por satélite de los últimos 40 años no muestran ningún terremoto que haya provocado una avalancha de rocas de una magnitud comparable.

Los investigadores interpretan esta inestabilidad como el resultado de cambios a largo plazo. A medida que el clima se calienta, la degradación del permafrost puede debilitar el hielo que sujeta las fracturas de la roca.

El agua congelada que rellenaba esas grietas, y que había mantenido estables las laderas volcánicas durante miles de años, está perdiendo poco a poco su efecto de sujeción. Como resultado, un terremoto puede hacer fallar la roca con mayor facilidad.

Más allá del Ártico

Los científicos advierten de que este fenómeno también amenaza otras zonas montañosas del planeta, no sólo en el Ártico.

«El calentamiento global y la degradación del permafrost pueden debilitar progresivamente laderas y glaciares, aumentando así el riesgo de peligros naturales en cascada, como se ha visto recientemente en el desastre de la frontera entre Nepal y China», señala Guilherme W. S. de Melo.

«Allí, el desencadenante inmediato fue el colapso de una masa de hielo y roca; en el caso que hemos estudiado en Jan Mayen, fue un terremoto. En ambos casos, sin embargo, el proceso de fondo es el mismo», concluye el investigador.

En el estudio, liderado por Geomar, también han participado el Servicio Geológico de Noruega, el centro alemán GFZ Helmholtz de Geociencias, la Universidad Federal de Río Grande do Norte (Brasil), la Universidad de Bergen y el instituto sismológico noruego Norsar.