¿Cómo encuentran los mosquitos a un ser humano? Su vuelo delata qué señales les atrae y cómo eliminarlos
Los mosquitos te huelen antes de verte: así cambia su vuelo según las señales que detectan
Investigadores del MIT graban 477.220 trayectorias para descifrar cómo los mosquitos nos localizan
El insecto combina señales visuales y CO₂ para orbitar sobre su objetivo antes de picar
Los mosquitos llevan millones de años perfeccionando el arte de localizar a sus presas. Ahora, un equipo de investigadores del MIT y el Georgia Tech ha logrado descifrar, por primera vez en tres dimensiones, cómo es el comportamiento en vuelo de este insecto cuando rastrea a un ser humano para sacarle su sangre.
El estudio, publicado en la revista Science Advances, revela que no existe un solo patrón de vuelo. Las trayectorias cambian radicalmente según los estímulos que el insecto detecta: la silueta de un cuerpo, el CO₂ que exhalamos o la combinación de ambas señales. Un hallazgo que podría transformar el diseño de las trampas que se usan para controlarlos.
Tres formas de cazar
Cuando un mosquito sólo percibe una señal visual —como la sombra oscura de un cuerpo contra un fondo claro—, realiza lo que los científicos denominan un «paso rasante». Se lanza en picado hacia el objetivo y, si no confirma más señales, se aleja de inmediato.
Si, en cambio, sólo detecta una señal química como el dióxido de carbono que exhalamos, el insecto reduce la velocidad y ejecuta una serie de giros bruscos, adelante y atrás, para mantenerse cerca de la fuente. Los investigadores lo llaman «dobles tomas»: un comportamiento que parece errático, pero que es completamente deliberado.
La combinación que lo hace peligroso
La situación más preocupante —y la más reveladora del estudio— ocurre cuando los mosquitos reciben en pleno vuelo las dos señales a la vez: ve una silueta y huele CO₂. En ese caso, abandona los movimientos de tanteo y adopta un patrón de vuelo en órbita, girando alrededor del objetivo a velocidad constante, igual que un tiburón rodeando a su presa antes de atacar.
Este comportamiento no es la simple suma de los otros dos. El insecto no mezcla el picado con los zigzags: desarrolla una conducta completamente distinta, más metódica y más difícil de interrumpir. «La trayectoria resultante no es aditiva», subrayan los autores.
Más de 53 millones de datos
Para llegar a estas conclusiones, el equipo instaló cámaras de alta velocidad en una sala rectangular blanca y liberó entre 50 y 100 ejemplares de Aedes aegypti —una de las especies más peligrosas para el ser humano— por sesión. En el centro colocaron distintos objetos: esferas negras para simular la señal visual, esferas blancas conectadas a un tubo que emitía CO₂ a ritmo humano, y combinaciones de ambas. También participó un voluntario humano con ropa protectora, negra por un lado y blanca por el otro.
A lo largo de 20 experimentos, el equipo generó más de 53 millones de puntos de datos y registró 477.220 trayectorias de vuelo distintas. Con ese material, el profesor Jörn Dunkel —catedrático de Matemáticas del MIT— construyó el primer modelo tridimensional del comportamiento de vuelo de los mosquitos.
Un modelo que predice y diseña trampas
El modelo no sólo describe lo que ocurrió en el laboratorio. También permite predecir cómo reaccionarán los mosquitos ante otros estímulos: calor corporal, humedad o determinados olores presentes en la piel humana. Eso abre una vía directa hacia trampas mucho más eficaces.
«Nuestro trabajo sugiere que las trampas para mosquitos necesitan cebos multisensoriales específicamente calibrados para mantener a los insectos comprometidos hasta ser capturados», señala Dunkel. Alexander Cohen, uno de los coautores del estudio, añade que ahora disponen de una base matemática para diseñar dispositivos más inteligentes.
El animal más letal del planeta
El contexto no es trivial. Los mosquitos son considerados el animal más letal del mundo para el ser humano. De las 3.500 especies conocidas, aproximadamente 100 han evolucionado para atacar específicamente a personas.
Juntas, transmiten malaria, dengue, fiebre del Nilo Occidental y otras enfermedades que causan más de 770.000 muertes al año en todo el mundo. Hasta ahora, los estudios se realizaban en túneles de viento, registrando dónde aterrizaban los insectos, pero sin analizar la geometría de sus trayectorias en el espacio.
Una app para experimentar en tiempo real
El equipo ha desarrollado, además, una aplicación interactiva que incorpora el nuevo modelo. Cualquier usuario puede simular distintos escenarios: elegir el tipo de señal, el número de mosquitos y el objeto central, y observar en tiempo real cómo volarían los insectos en ese entorno.
«La esperanza original era tener un modelo cuantitativo que simulara el comportamiento de los mosquitos alrededor de distintos diseños de trampa», concluye Cohen. Con los datos ya en la mano, el objetivo de frenar la expansión de estos diminutos vectores letales está más cerca que nunca.
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