El truco fácil y rápido para saber si hay que cambiar el aceite del coche: «prueba con…»
Llevar al día el mantenimiento de tu vehículo es algo fundamental para disfrutar de un viaje seguro. En el caso del aceite, existe un truco muy sencillo y efectivo que recomiendan mecánicos con años de experiencia en el sector para saber si hay que cambiarlo. La periodicidad depende en gran medida del modelo del vehículo, el tipo de aceite utilizado, la edad del motor y las condiciones en las cuales se conduce habitualmente. Sin embargo, la mayoría de fabricantes sugiere que el aceite se cambie entre los 15.000 y 30.000 kilómetros recorridos, o bien cada uno o dos años, lo que suceda primero.
Pero, ¿qué podría ocurrir si no cambias el aceite con la frecuencia recomendada? Lo primero a tener en cuenta es que este líquido tiene una función muy importante: lubricar las partes móviles internas, reducir el desgaste por fricción y ayudar a mantener una temperatura adecuada. Al no cambiarlo, pierde sus propiedades lubricantes y puede producir graves daños en el motor, como sobrecalentamiento, desgaste prematuro, obstrucción del filtro de aceite y pérdida de eficiencia.
El truco para verificar el nivel de aceite
Revisar el nivel de aceite de tu coche es una tarea sencilla que puedes hacer sin tener grandes conocimientos de mecánica y es una medida de prevención que puede ahorrarte muchos problemas. Lo más importante es hacerlo siempre con el coche en terreno plano, ya que si está en una pendiente la medición podría no ser correcta, y es recomendable revisarlo con el motor frío.
Abre el capó y retira la varilla del aceite, límpiala con una servilleta e introdúcela de nuevo antes de extraerla para comprobar el nivel. En la varilla verás letras que indican cuánto aceite añadir: si está en la posición C, añade un litro; si está entre C y B, medio litro; y si está entre B y A, el nivel es correcto. Deja reposar unos minutos y repite la medición para asegurarte de que los niveles son los adecuados.
El tipo de aceite depende de la antigüedad, el clima y, sobre todo, el motor:
- Gasolina: utilizan aceites sintéticos o semisintéticos (ejemplo: 5W30). Los motores modernos con catalizador deben usar aceites con bajo contenido en cenizas. Su función es proteger el motor de gasolina, sobre todo durante el arranque en frío y cuando gira a altas revoluciones.
- Diésel: utilizan aceites sintéticos con bajo contenido en cenizas, fósforo y azufre (conocidos como low SAPS). Su función principal es evitar que las impurezas generadas por la combustión lleguen hasta el filtro de partículas.
- Híbrido: requieren de aceites sintéticos de baja viscosidad (ej. 0W20). Su función es reducir el consumo y favorecer la eficiencia del motor.
- GLP o GNC (gas): utilizan aceites sintéticos específicos para gas. Reducen la generación de residuos y resisten mejor las altas temperaturas.
‘Prueba con gota’
Otro truco que recomiendan los mecánicos para comprobar el nivel de aceite del coche es la conocida como «prueba con gota». Tal y como su propio nombre indica, consiste en colocar una pequeña cantidad de aceite sobre un papel absorbente y observar cómo se distribuye sobre el mismo. Con la varilla medidora, toma una pequeña muestra y deja caer una gota en el centro del papel para observar el patrón que genera. Si el aceite se dispersa de manera uniforme y la mancha resultante conserva un color homogéneo, esto significa que el aceite aún está en buenas condiciones y funciona como es debido. Sin embargo, si ves que el centro es una masa oscura, y tiene los bordes claros, ha llegado el momento de cambiarlo.
Mantenimiento del vehículo
Antes de salir, comprueba el estado de tus neumáticos, verificando la profundidad del dibujo; la normativa exige 1,6 mm, pero esperar tanto para cambiarlos no es conveniente, ya que si no están en buenas condiciones, la frenada se alargará en condiciones de menor adherencia. Además, revisa los limpiaparabrisas: las escobillas en mal estado reducen peligrosamente la visibilidad, por lo que si dejan rastros de agua o marcas sobre el parabrisas, cámbialas, y comprueba también el nivel de líquido en el depósito. Por último, asegúrate de que todo el alumbrado funciona correctamente; si necesitas ajustar la altura del alumbrado de cruce y carretera o cambiar alguna lámpara, probablemente deberás acudir al taller.
En el taller, haz que revisen la suspensión de tu vehículo, ya que de este sistema depende la estabilidad y además afecta al desgaste de los neumáticos y a la capacidad de frenado; conviene revisarla cada 30.000 kilómetros, y tú mismo notarás fallos si al pasar por un badén el vehículo rebota más de dos veces. También es fundamental revisar los frenos, cambiando el líquido cada 2 años o entre 40.000 y 60.000 kilómetros, para evitar alargar la frenada y reducir el riesgo de accidente. Finalmente, asegúrate de mantener el aceite y los filtros en buen estado, siguiendo las recomendaciones del fabricante para cambios de aceite, filtros de partículas, aire, combustible y habitáculo.
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