CUESTIÓN DE ESTILO

La historia detrás de las pulseras gemelas, una de las joyas predilectas de Letizia

Las pulseras de Cartier que la Reina luce con asiduidad se fabricaron a partir de una corona que Alfonso XIII regaló a Victoria Eugenia

Letizia
La reina Letizia en una imagen de archivo / Gtres
  • Andrea Mori
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Si hay unas piezas del joyero real a las que doña Letizia tiene especial aprecio estas son, sin duda, a los pendientes de chatones y las pulseras gemelas. Joyas a las que la esposa de Felipe VI no tenía acceso hasta que se convirtió en reina y que se han convertido en las estrellas de todas sus citas importantes, con permiso de la Tiara de las Lises, la pieza más importante de las joyas de la Corona.

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Letizia con las pulseras gemelas en una de las manos / Gtres

Tanto los chatones como las pulseras gemelas pertenecen al lote de ‘joyas de pasar’ que la reina Victoria Eugenia constituyó en su testamento como un conjunto de piezas que deberían ser de uso exclusivo de las reinas de España y, como tal habrían de pasar de una a otra. Un lote que se compone de la Tiara de las Lises, que la esposa de Alfonso XIII recibió como regalo de bodas; un collar de chatones grande; un broche de brillantes del que cuelga una perla en forma de pera; un collar con treinta y siete perlas grandes; un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor; cuatro hilos de perlas grandes y dos pulseras iguales de brillantes.

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La Reina suele combinarlas con los chatones de brillantes / Gtres

Sin embargo, estas dos últimas pulseras no siempre fueron tales. Su origen se encuentra en una pequeña corona real que el Alfonso XIII regalaría a su futura esposa, la Princesa Victoria Eugenia de Battenberg con motivo de su boda. Una coronita realizada por Cartier que en su parte inferior contaba con esmeraldas, rubíes y diamantes y que estaba valorada en más de cien mil pesetas de la época.

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Las pulseras forman parte del lote de ‘joyas de pasar’ de la reina Victoria Eugenia / Gtres

La Reina la lució en numerosas ocasiones en las ceremonias de apertura de las Cortes, pero la evolución de los gustos estéticos provocó que se volviera incómodo adaptarla a los peinados, por lo que Victoria Eugenia, ya en el exilio, solicitó a Cartier que la desmontara y fabricara las dos pulseras que hoy se han convertido en una de las piezas predilectas tanto de doña Sofía como de doña Letizia y que la actual Reina ha lucido de manera aleatoria en una mano o en dos, dándole un nuevo esplendor a una de las joyas más versátiles del tesoro de los Borbones.

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