Maxi Iglesias se reinventa: el actor que conquistó a la juventud ahora es piloto de avión y escritor
Debutó en televisión en 2008 con 'Física o Química', donde interpretó a César Cabano
En diciembre se graduó como piloto de avión, helicóptero y drones, tras completar su formación en el centro European Flyers
Durante años, el rostro de Maxi Iglesias estuvo ligado a una generación entera. Su popularidad estalló con Física o Química, donde interpretó a César Cabano, un personaje que lo convirtió en uno de los actores más reconocibles de la televisión española a finales de los años dos mil. Aquel éxito temprano fijó una imagen muy concreta: la del galán juvenil, físico imponente, y un fenómeno que trascendía la propia serie.
Con el tiempo, esa etiqueta se quedó pequeña y, el intérprete madrileño, fue ampliando su registro con personajes alejados del instituto y del arquetipo adolescente. En Velvet dio vida a Max, un creativo publicitario ambicioso y complejo; en Valeria se puso en la piel de Víctor, una figura clave en la trama emocional de la serie; y en Volver a caer exploró un tono más maduro y contenido. Cada proyecto marcó una etapa distinta, construyendo una carrera más diversa y sólida. Hoy, con 34 años, se encuentra en un momento muy diferente al de sus inicios. Lejos de limitarse a la interpretación, ha abierto nuevos caminos que hablan de inquietud y curiosidad. El más reciente lo ha llevado literalmente a las alturas.
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Este año ha publicado Horizonte artificial, su primera novela, una historia que transcurre durante un vuelo privado y que se desarrolla en apenas unas horas. Para escribirla, decidió documentarse desde dentro. No le bastaba con investigar sobre aviación o hablar con pilotos. Quiso experimentar el proceso completo. Así comenzó su formación aeronáutica.
Primero llegó la licencia de piloto de avioneta, que obtuvo en mayo. Para lograrla tuvo que superar una parte teórica exigente, con materias como navegación aérea, meteorología, comunicaciones, normativa y principios de vuelo, además de una formación práctica con horas obligatorias de vuelo real, exámenes y pruebas de seguridad. Más adelante, amplió esa formación y, el pasado 10 de diciembre, se graduó en el centro European Flyers de Madrid como piloto de avión, helicóptero y drones, tras completar un programa que combinaba simuladores, prácticas en distintas aeronaves y evaluaciones técnicas.
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El propio Iglesias ha explicado que este proceso no fue un capricho puntual, sino una manera de entender mejor el mundo que quería narrar. Según contó en entrevistas, la historia del libro llevaba años formándose en su cabeza, en un momento personal de cambio, cuando empezó a imaginar personajes que le gustaría interpretar y que nunca le habían ofrecido. La escritura surgió así como un espacio creativo propio, paralelo a su trabajo como actor.
Coincidiendo con la publicación de la novela, compartió un vídeo en redes sociales en el que aparecía pilotando una avioneta. En el mensaje que lo acompañaba, hablaba de las dificultades para compaginar la escritura con los rodajes, del cansancio y de la sensación de no llegar, pero también de la satisfacción de completar un proceso tan exigente como obtener una licencia de piloto mientras terminaba su primer libro.
El escritor y actor también cuenta con el título de patrón de barco y ha explicado su interés por navegar y volar como una forma de aprender, de entender cómo funcionan las cosas y de reconectar con su parte más infantil. En una entrevista llegó a bromear con la idea de dedicarse profesionalmente a pilotar si algún día decidiera dejar la interpretación.
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Este momento vital llega después de un recorrido personal complejo. En los últimos meses ha hablado abiertamente del acoso que sufrió durante su etapa escolar y también en los primeros años de su carrera, especialmente durante el rodaje de Física o Química. Lo relató en el pódcast Malas personas, explicando cómo el éxito temprano generó envidias y situaciones difíciles de gestionar a una edad temprana. Con el paso del tiempo y el trabajo personal, esas experiencias han pasado a formar parte de su aprendizaje.
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Actualmente, compagina rodajes con la escritura y mantiene la aviación como una pasión activa. Horizonte artificial, que define como un proyecto muy personal y un regalo para sí mismo, es solo el primer paso en una faceta literaria que no piensa abandonar. Él mismo lo ha resumido con una idea clara: hay quienes se conforman con una sola cosa y quienes sienten la necesidad de explorar muchas más.