El diésel, las elecciones y la guerra
En el contexto geoeconómico actual, el diésel ha demostrado ser el combustible más vulnerable a un shock geopolítico. Los analistas de Oxford Economics han señalado que el diésel es “el combustible más afectado y el más importante para las perspectivas macroeconómicas”.
Su producción depende de una capacidad de refino específica y de rutas comerciales concentradas. Rusia y los países del Golfo Pérsico que exportan un 60 % de diésel por debajo de las cifras de antes de las guerras, han sido históricamente los proveedores clave del diésel refinado. Cuando estas fuentes se han interrumpido por motivo de los conflictos bélicos actuales, el mercado se ha tensionado con rapidez debido a una demanda inelástica por el tipo de consumo y la importante subida de sus precios se traslada a toda velocidad a los costes de transporte, producción y distribución.
Su escasez o encarecimiento se traduce de forma casi inmediata en inflación, disrupciones en cadenas de suministro y presión política sobre los gobiernos.
En el complejo tablero geoeconómico actual, el diésel se ha convertido en uno de los combustibles más estratégicos y tensionados del planeta. A diferencia de la gasolina, el diésel impulsa el transporte de mercancías, la agricultura, la minería, la industria y la logística global. Según las estimaciones del sector, alrededor del 90 % del tonelaje de carga mundial se mueve con diésel, camiones, trenes, barcos y sistemas intermodales, y más del 80 % de los bienes que circulan en Estados Unidos dependen de este combustible.
Cuando sube el precio del diésel, se encarecen inmediatamente los fletes, los alimentos, los materiales de construcción y prácticamente toda la cadena de suministro, generando presiones inflacionarias que se transmiten al consumidor final. Su correlación con el PIB es extremadamente alta, 98,5 %, lo que lo convierte en un indicador de la salud económica.
La guerra entre Rusia y Ucrania ha limitado la capacidad de refino rusa debido a los reiterados ataques con drones ucranianos contra las instalaciones energéticas. Rusia, tradicionalmente uno de los mayores exportadores mundiales de diésel, se ha autoimpuesto restricciones a sus exportaciones durante 2026 para priorizar el abastecimiento interno tras la grave crisis de combustible doméstica. Por otro lado, el conflicto en Oriente Medio ha afectado a las refinerías especializadas del Golfo Pérsico, reduciendo aún más la oferta global de productos destilados medios.
De un barril de 42 galones de crudo se obtienen, en promedio, entre 11 y 12 galones de diésel en las refinerías modernas, cantidades a las que hay que sumar el diésel renovable, producido a partir de biomasa, aceites vegetales o grasas.
A escala mundial, la producción actual de diésel se estima en torno a los 26,8 millones de barriles diarios en 2026. Estados Unidos lidera con aproximadamente 5,20 millones de barriles/día, gracias a su sofisticada red de refinerías en la Costa del Golfo, que maximizan el rendimiento de los destilados medios. China ocupa el segundo lugar con 4,10 millones de barriles/día impulsada por sus mega-refinerías orientadas al consumo industrial.
India es el tercero, con 1,85 millones de barriles/día, apoyada en sus grandes complejos industriales como el de Jamnagar. Rusia aporta unos 1,75 millones de barriles/día con una producción menguante por los eficaces ataques de los drones ucranianos a sus refinerías. Arabia Saudita produce alrededor de 1,30 millones de barriles/día, seguida de Corea del Sur con 1,20 millones de barriles y otros países como Japón, Brasil, Canadá y Alemania.
España desempeña un papel relevante y relativamente privilegiado en el refino de diésel a escala europea, cuenta con ocho refinerías operativas de Repsol, Moeve y BP, que suman una capacidad de procesamiento de crudo de aproximadamente 1,5-1,6 millones de barriles diarios. Estas representan más del 13 % de la capacidad total de refino de la Unión Europea lo que no impide que el precio del diésel en España se haya incrementado un 68 % desde el pasado 28 de febrero según la CNMC.
Esta orientación hacia los destilados medios, diésel y queroseno, es una fortaleza geoeconómica del sistema español dado que las refinerías españolas cubren entre el 76 % y el 80 % de la demanda interna de diésel y queroseno. Muchos países europeos han perdido capacidad de refino en la última década, solo en Europa se han cerrado unas 35 plantas perdiendo casi un 20 % de la capacidad previa, nuestro país ha mantenido intacta su base industrial, lo que le otorga una mayor resiliencia comparándonos con otros países de nuestro entorno.
El estudio de los denominados, crack spreads, que miden la diferencia entre el precio del crudo y el valor del diésel, una cifra que se ha disparado por la disminución de las existencias de los productos refinados, superando estos diferenciales los datos que se dieron en la invasión rusa en 2022, debido al desmantelamiento por políticas verdes y por falta de competitividad industrial, de la capacidad occidental de refino desde el año 2019 que asciende a 2,1 millones de barriles diarios, descubriendo que la dependencia de las refinerías de terceros sale excesivamente caro.
A iniciativa de Francia, los países del grupo G7 decidieron recientemente liberar en un plazo de cuatro meses hasta 100 millones de barriles de las reservas estratégicas de diésel y crudo, para bajar los precios frente a las amenazas de Trump de suspender las exportaciones de diésel, lo que suponía el 20 % del gasóleo que consume Europa.
En este escenario de escasez y de precios récord se acaba de producir el sorprendente e imprevisible anuncio del 9 de octubre de 2026, donde el presidente Donald Trump informó de una “conversación altamente exitosa” con el presidente ruso Vladímir Putin, en la que se acordó que Rusia suministraría diésel tanto a los mercados estadounidense como al global. Rusia se compromete a enviar de inmediato más 2,25 millones de barriles, otras 500.000 toneladas en noviembre, un millón adicional poco después y hasta tres millones más en un plazo breve, dependiendo del estado de sus refinerías. El volumen total anunciado asciende a 36 millones de barriles.
Para hacerlo viable, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. emitió una licencia general temporal, General License 135, que suspende ciertas sanciones a las transacciones de diésel de origen ruso hasta el 7 de abril del año 2027, permitiendo tanto su venta y entrega como su descarga e importación.
Un acuerdo que representa un giro significativo en la política estadounidense hacia Rusia. Dado que, durante años, las sanciones occidentales han buscado privar a Moscú de los ingresos energéticos para evitar la financiación de la maquinaria de guerra rusa en Ucrania.
El anuncio de Trump busca de una manera desesperada bajar los precios del diésel que se han incrementado en un 63 % en un año, más de 6 dólares por galón por primera vez en la historia con record de 8 dólares en California, especialmente para los votantes clave para los republicanos entre los agricultores, ganaderos y camioneros de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Por su parte, Putin confirmó la disposición de Rusia a suministrar petróleo y productos petrolíferos a los mercados estadounidense y mundial, asegurando que tendría un impacto positivo en la economía global. Trump habla de una supuesta tregua energética que no acaba de concretarse sin intentar que países como Canadá accedan al refino del petróleo venezolano que ahora controlan los estadounidenses.
El anuncio ha generado muchas críticas inmediatas. Empezando por las del presidente ucraniano Zelenski que lo ha calificado de un “regalo a Putin” y de “inversión en una guerra que debe terminarse y no prolongarse más”, argumentando que cualquier relajación de las sanciones, sin compromisos de desescalada, solo alarga el conflicto. Incluso ha afirmado que Ucrania atacaría los barcos rusos que transportasen diésel a los EE.UU. Los aliados europeos, en palabras de su Alta representante, Kaja Kallas, han respaldado esta postura rechazando el giro de EE. UU con el diésel ruso porque “da a Moscú más ingresos para hacer la guerra” comprometiendo la estrategia de presión geopolítica y distanciándose una vez más de la controvertida administración Trump, anunciando intensificar la severidad de los paquetes de sanciones contra Rusia incorporando a 1600 ciudadanos rusos relacionados con la industria de la defensa a la lista de sancionados por la UE.
Es una gran paradoja que la Unión Europea compre armamento a los EE. UU para entregar a Ucrania que lucha contra Rusia que financia su guerra con el diésel que compran los estadounidenses con los ingresos de los europeos. Mientras la ofensiva rusa deja cientos de civiles ucranianos muertos y el Kremlin intensifica sus ataques híbridos contra estados miembros de la unión y aliados de la OTAN. La paradoja sería mayor si se comprueba que parte del diésel que Rusia exportase a los EE. UU tuviera su origen en Irán.
Aunque los volúmenes iniciales son muy modestos en relación con el consumo diario de los EE.UU. que asciende a los 3,8 millones de barriles diarios de diésel, con un efecto inmediato en los precios de surtidor muy limitado, el mensaje de una mayor oferta global y la suspensión temporal de las sanciones van a influir en las expectativas del mercado.
La guerra en Ucrania ha afectado de una manera directa a las infraestructuras de diésel rusas, la mitad de las seis principales refinerías productoras de diésel de Rusia ubicadas en Omsk, Kirishi, Taneco, Volgograd, Norsy y Perm, se vieron obligadas a reducir significativamente o detener su producción en septiembre de 2026. La Agencia Internacional de Energía informó que en los primeros ocho meses del año 2026 una refinería rusa era golpeada con éxito cada tres días en promedio. Se estima que entre un tercio y más de la mitad de la capacidad de refinación rusa ha estado fuera de juego en los momentos críticos.
Estas interrupciones provocan una gran escasez interna en Rusia, con importantes colas en las gasolineras, con subidas de los precios domésticos en un país con inflación de dos dígitos y la imposición de restricciones a la exportación de diésel y queroseno. Rusia, uno de los mayores exportadores mundiales de diésel, ha visto caer drásticamente sus envíos marítimos al resto del mundo.
El anunciado acuerdo entre Trump y Putin intenta aliviar la tensión existente en la oferta de diésel. Su éxito depende, en buena medida, de la capacidad real de las refinerías rusas para recuperarse de los ataques y volver a producir las cantidades previas. Ucrania por su parte, ha mantenido que las infraestructuras energéticas rusas son unos objetivos legítimos de guerra porque financian la guerra frente a las peticiones de cese de ataques de Trump.Rusia ha respondido atacando la infraestructura energética ucraniana. Este acuerdo es un caso real de cómo, en un contexto geoeconómico de precios elevados para un elemento energético clave combinado con la presión electoral de las elecciones de medio término en los EE.UU., se prioriza el incremento de la oferta de combustible diésel sobre la continuidad de las sanciones.
En síntesis, vemos como el diésel ocupa un lugar central en la geoeconomía porque conecta de una forma directa la seguridad energética, la inflación, el comercio y el poder político. Al mismo tiempo, la guerra ha demostrado la vulnerabilidad de las infraestructuras de refino del diésel. Con unos ataques de precisión a determinadas plantas, se altera el equilibrio global de un combustible esencial como el diésel, un vector de poder geoeconómico y un termómetro de la estabilidad mundial.
Desde el punto de vista de la geoeconomía, el acuerdo ilustra cómo el deseado combustible diésel ha pasado de ser una commodity a un instrumento de la política real y diplomática basada en factores prácticos y relaciones de poder frente a los principios morales o éticos, realpolitik.
Un acuerdo que permitirá a Rusia recuperar cierta capacidad exportadora aliviando la presión interna, mientras los EE.UU. priorizan la contención de la inflación energética doméstica sobre la coherencia de las sanciones de espaldas una vez más a la estrategia de la Unión Europea.
El diésel hoy no solo mueve los vehículos, mueve los votos, mueve la diplomacia y las alianzas, así como las prioridades económicas de las grandes potencias en un mundo en creciente des orden caracterizado por guerras simultáneas y mercados energéticos muy fragmentados.
Foedera mutantur ad potentiam conservandam
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