Liga: Real Madrid-Real Sociedad

Mourinho vuelve a casa 4.833 días después: el Bernabéu se rinde a su regreso

El portugués volvió a sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu más de trece años después de su último partido contra Osasuna

La Grada Fans coreó el nombre de un Mourinho que regresa al escenario donde ganó, sufrió, peleó y dividió al madridismo

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José Mourinho regresó a un estadio Santiago Bernabéu que siempre será su casa. Su hogar. Aquí fue feliz y también sufrió. Ahora vuelve para vivir una segunda etapa con un único objetivo: ganar. La afición madridista coreó con fuerza el nombre del entrenador cuando sonó por la megafonía del estadio y fue el primero al que el fondo sur, donde se sitúa la grada de animación madridista, dedicó sus cánticos.

Han pasado 4.833 días desde la última vez que José Mourinho dirigió al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Fue el 1 de junio de 2013, contra Osasuna, y este miércoles el portugués ha vuelto a ocupar un banquillo que durante tres temporadas fue mucho más que su lugar de trabajo. El Bernabéu fue su fortaleza, su campo de batalla y, finalmente, el escenario de una despedida marcada por la división. Trece años después, Mourinho volvió a casa.

Su primera etapa transformó Chamartín. Mourinho aterrizó en 2010 con una espectacular racha de nueve años sin perder un partido de Liga como local entre Oporto, Chelsea e Inter. La extendió hasta los 150 encuentros, hasta que el Sporting de Gijón de Manolo Preciado conquistó el Bernabéu en abril de 2011. Un año después llegaría la Liga de los 100 puntos, con 16 victorias en 19 encuentros como local y un Madrid convertido en una máquina de atacar y golear.

Pero aquel Bernabéu también fue territorio de guerra. Allí se disputó la ida de las semifinales de Champions de 2011 contra el Barcelona, con la expulsión de Pepe, la derrota 0-2 y el posterior «¿Por qué?» de Mourinho que dio la vuelta al mundo. Allí cayó de rodillas un año después mientras veía cómo su Madrid quedaba eliminado en los penaltis contra el Bayern. Y allí terminó perdiendo frente al Atlético una final de Copa en 2013 que prácticamente puso punto final a su proyecto.

Para entonces, el estadio estaba dividido. Mourinhistas y casillistas protagonizaron una fractura pocas veces vista en el madridismo. Mientras una parte coreaba su nombre, otros sectores respondían con pitos. La suplencia de Iker Casillas había convertido cada partido en un plebiscito alrededor del entrenador.

El último llegó contra Osasuna. El Madrid ganó 4-2 con goles de Higuaín, Essien, Benzema y Callejón. Especialmente simbólico fue el de Essien, que corrió directamente hacia el banquillo para abrazar a Mourinho. Después llegó el pitido final y el portugués desapareció por el túnel. Era el final de una historia que parecía cerrada para siempre. Pero Mourinho está de vuelta.

Y lo ha hecho con un discurso muy diferente. «No quiero que el Bernabéu me reciba de un modo particular», aseguró antes de regresar a Chamartín. «Yo no soy importante», insistió, pidiendo que todo el protagonismo recaiga sobre sus jugadores. También reconoce sentirse más tranquilo y controlar mejor unas emociones que durante su primera etapa estuvieron permanentemente al límite.

El escenario es el mismo. Mourinho, probablemente, no. Más de trece años después, el portugués ha vuelto a atravesar el túnel, caminará hacia el banquillo local y se ha encontrado otra vez con el Bernabéu. El lugar donde ganó, perdió, peleó, dividió y dejó una huella imposible de borrar. 4.833 días después, José Mourinho volvió a su jardín.

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