Mourinho rompe la tregua con el fútbol español: del gato escondido a «los madridistas no son estúpidos»

El portugués eleva el tono tras el anuncio de la sanción a Vinicius y acumula motivos de indignación por el arbitraje y los horarios

Llegó dispuesto a pasar página, pero ocho jornadas han agotado su paciencia: "El gato ya no está escondido, se hacen cosas sin vergüenza"

Mourinho estalla contra la Federación por Vinicius: «El gato ya no está escondido, se hacen cosas sin vergüenza»

Mourinho rompe la tregua con el fútbol español: del gato escondido a «los madridistas no son estúpidos»

José Mourinho ha decidido que se acabó la tregua. El entrenador del Real Madrid está dispuesto a enfrentarse públicamente a los estamentos cuyas decisiones considera perjudiciales para su equipo. Llegó con ánimos renovados, con ganas de abrir una etapa y de dejar atrás las batallas de su primer paso por el banquillo blanco. Ocho jornadas de Liga han bastado para agotar esa paciencia. En Roma, después de una remontada que invitaba a hablar de fútbol, dejó claro que no piensa callarse.

Eso no significa que Mourinho vaya a convertir cada decisión de la Liga o de la Federación en una batalla. El portugués no busca el enfrentamiento por sistema: habrá medidas que le parezcan correctas y también lo dirá. Pero no piensa callarse ante lo que considere injusto para el Real Madrid. Su postura pasa por reconocer los aciertos y denunciar lo que, a su juicio, perjudique a su equipo, sin rebajar el discurso por miedo a las consecuencias.

El portugués conoce el desgaste que supone vivir instalado en la confrontación. Su primera etapa estuvo marcada por los enfrentamientos con el Barcelona y las polémicas arbitrales, un periodo que el posterior conocimiento del caso Negreira ha hecho todavía más sensible para el madridismo. Mourinho había regresado para construir otro equipo. Ahora entiende que también le corresponde defenderlo fuera del campo.

La sanción a Vinicius ha terminado de encenderlo. El Comité de Disciplina impuso cuatro partidos al brasileño: dos por la acción que provocó su expulsión ante el Villarreal y otros dos por las protestas posteriores. El Real Madrid considera excesivo el castigo y lo recurrirá. Pero el detonante de la reacción del entrenador fue el momento en el que su jugador conoció la resolución, apenas dos horas antes de enfrentarse a la Roma.

Mourinho lo cuestionó antes del partido y volvió sobre ello después. No entendía por qué una decisión de ese calibre debía llegar cuando el futbolista estaba preparando una cita europea. «¿Pensáis que es normal que dos horas antes un jugador se entere de que le sancionan con cuatro partidos?», preguntó. Vinicius confirmó después que se había enterado al llegar al estadio.

De la sanción al calendario

El técnico encuentra en ese episodio otro motivo para desconfiar. Es su interpretación y la expresó sin rodeos, recurriendo a un dicho portugués: «El gato ya no está escondido, va por libre, se hacen cosas sin vergüenza». Para Mourinho, las decisiones que denuncia forman una acumulación que ya no está dispuesto a aceptar en silencio.

El calendario también le indigna. El desplazamiento a Atenas, con partido europeo el miércoles por la noche y regreso de madrugada el jueves, precede a un encuentro liguero el sábado en Valencia. El portugués cuestiona el margen de recuperación y rechaza que la explicación televisiva cierre el debate.

«Como mínimo, es poco respeto», denunció. Después fue más lejos: «No me parece inocente. Las disculpas de siempre no las compro». Mourinho considera que el Real Madrid debe alzar la voz cuando entiende que la planificación compromete el descanso de sus jugadores. «Estoy demasiado mayor para comerme esto», remató.

El arbitraje alimenta el enfado

El malestar venía de antes. En el vestuario siguen presentes las acciones del derbi que el entrenador consideraba merecedoras de expulsión y, especialmente, la entrada que sufrió Valverde. La comparación con la roja a Vinicius ante el Villarreal alimentó la sensación interna de un criterio desigual.

Aquella noche, además, jugadores y cuerpo técnico se quejaron entre ellos de unas formas de los asistentes y del cuarto árbitro que calificaron de despectivas. El enfado no se limitaba a una tarjeta. También afectaba al trato recibido durante el encuentro. Mourinho terminó sin comparecer ante los medios para evitar unas declaraciones que pudieran acarrearle una sanción.

La retirada de la amarilla a Konaté, después de que Disciplina comprobara en las imágenes que no hubo contacto con el rival, añadió otro argumento a las reclamaciones del club. Cada caso tiene su resolución, pero en el Madrid pesa la suma de episodios.

Mourinho ha decidido ponerse al frente de esa protesta. La victoria de Roma no rebajó su discurso. Tampoco quiso que la alegría por los jóvenes y la remontada enterrase el resto. «Los madridistas no son estúpidos y haré todo lo posible para abrirles los ojos», aseguró. Fue una declaración de intenciones: el entrenador ha elevado el tono y está dispuesto a sostenerlo.

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