Mbappé llegó, vio y venció. Su vuelta al cole fue dulce. Lo retomó donde lo dejó, marcando goles. Apenas necesitó seis minutos de su primer partido de pretemporada, que a la vez es el último del Real Madrid antes del debut liguero, para volver a dar un golpe en la mesa. Casi sin querer, pues el Schalke inició el harakiri y Mbappé lo culminó.
Todo germinó en la presión de Bernardo Silva, que obligó a Schallenberg a retroceder y pegarse un tiro en el pie. Cedió a la media vuelta sin percatarse de que Mbappé andaba por ahí con la caña preparada. Recibió y desprecintó el regalo con un disparo cruzado abajo. Imposible para Karius. Seis minutos para volver a sonreír con la camiseta del Real Madrid.
El propio Mbappé tuvo dos ocasiones más para ampliar su cuenta goleadora. Todo en un cuarto de hora de pura ofensiva blanca. Sin embargo, cuando su disparo no rozaba el poste, se lo negaba Karius, que nada pudo hacer ante el cabezazo de Huijsen. Güler centró un córner con música y el español emergió por encima de todo y de todos para ampliar la ventaja del equipo de Mourinho.