«Es penalti aquí y en la luna». Esta fue la primera reflexión que hizo Álvaro Arbeloa nada más sentarse en la sala de prensa del estadio Santiago Bernabéu y comenzar a responder a las preguntas de los periodistas. El Real Madrid acababa de decir adiós, de manera prácticamente definitiva, a sus escasísimas opciones de pelear por la Liga tras empatar ante el Girona.
No fue el mejor partido de los blancos, ni mucho menos. Pero el encuentro quedó marcado por una acción que lo cambia todo. Minuto 88, 1-1 en el marcador. Centro al área, salto, contacto y un codazo de Vitor Reis sobre Kylian Mbappé que no admite interpretación. Es penalti. Aquí, en la luna y en cualquier campo del mundo. El francés terminó con una brecha evidente, sangrando, teniendo que ser atendido en la banda y cambiándose la camiseta. Y aun así, nada.
Ni Javier Alberola Rojas, árbitro de campo, ni Trujillo Suárez desde el VAR quisieron señalar la pena máxima. No es que no la vieran. No quisieron pitarla. Y esa es la sensación que queda en el entorno del Real Madrid. Porque el que está en el campo puede fallar. Pero el que lo ve repetido desde Las Rozas, con todas las cámaras, no tiene excusa.
En Valdebebas, un día después, se mezcla la resignación con la indignación. En el club tienen claro que «la actuación arbitral fue nefasta». No sólo por el penalti no señalado, sino por el criterio durante todo el partido. Un Alberola Rojas que volvió a dejar decisiones difíciles de entender y que, una vez más, no generó ninguna sensación de imparcialidad. Tampoco sorprende. En el Bernabéu ya le conocen.
«Es una más, otra semana más. Es lo que tenemos y es lo que hay. Ni lo entiendo yo ni creo que lo entienda nadie cuándo entra el VAR. Me imagino que cuando viene bien y cuando no, pues no entra. Estos hechos solo siguen manteniendo mi opinión. Es una acción clarísima. Le han pitado a Mbappé una falta que para mí era menos. Hemos tenido muchas con los árbitros. Con este, la semana pasada en Mallorca… Lo de siempre», insistía Arbeloa.
Actuaciones sospechosas
El enfado en el Real Madrid es mayúsculo. No es un caso aislado. Es la acumulación. Trujillo Suárez, el mismo que hace pocas semanas avaló la expulsión de Federico Valverde en el derbi, volvió a ser protagonista. Esta vez por no intervenir en una jugada que parecía de manual. No llamó a Alberola Rojas. No le invitó a revisarla. No quiso entrar.
Mientras tanto, Mbappé se limpiaba la sangre. Literalmente. Una brecha en la ceja, visible para todos, menos para quienes tenían que tomar la decisión. El árbitro ni se inmutó. No hubo revisión, no hubo explicación, no hubo nada.
El resultado: empate. Dos puntos menos. Y la Liga, ahora sí, sentenciada. Porque en una temporada llena de errores propios, el Real Madrid siente que también está jugando contra algo más. Y eso, en este tramo final, pesa demasiado.