¿Por qué los barcos tienen nombres femeninos? La explicación histórica que muchos marineros aún desconocen
A lo largo de la historia, la mayoría de las embarcaciones han recibido nombres de mujer y no por casualidad
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- Laura Mesonero
- Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.
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A lo largo de la historia, la mayoría de las embarcaciones han recibido nombres femeninos y no por casualidad. Basta con recordar algunas de las más famosas, como La Niña, La Pinta, La Santa María, La Santísima Trinidad o La Victoria. Aunque también existen excepciones muy conocidas, como el Buque Escuela Juan Sebastián de Elcano, la tradición de asociar los barcos al género femenino ha permanecido viva durante siglos y todavía hoy sigue presente.
De hecho, en inglés es habitual referirse a los barcos como she (ella), una costumbre que se mantiene incluso entre marinos experimentados, aunque no todos conocen realmente su origen.
Lejos de ser una simple curiosidad lingüística, esta tradición hunde sus raíces en la historia, la mitología, la religión e incluso en las supersticiones de los antiguos navegantes.
Una tradición que nació hace miles de años
La explicación más extendida se remonta a la Antigüedad. Diversos historiadores sostienen que egipcios, griegos y romanos consideraban que las embarcaciones estaban protegidas por divinidades femeninas. Los barcos eran vistos como figuras maternales capaces de proteger a sus tripulaciones durante las largas y peligrosas travesías por mar.
Con el paso del tiempo, esa idea se consolidó en Europa. Era habitual bautizar los barcos con el nombre de una reina, una santa, una virgen o una mujer importante para el propietario del navío. Se creía que esa figura femenina otorgaba protección y buena fortuna durante la navegación.
Los mascarones de proa también tuvieron mucho que ver
Otro de los motivos que reforzó esta costumbre fueron los antiguos mascarones de proa. Durante siglos, numerosos barcos lucían esculturas femeninas talladas en la parte delantera del casco.
Estas figuras representaban diosas, sirenas o mujeres consideradas protectoras del mar. Además de servir como elemento decorativo, muchos marineros creían que guiaban la embarcación y alejaban la mala suerte durante las travesías.
Una costumbre que todavía permanece
Aunque el lenguaje ha evolucionado y muchas instituciones navales emplean actualmente formas neutras para referirse a los barcos, la tradición sigue muy viva entre marinos y aficionados a la navegación.
De hecho, cuando en 2002 el histórico periódico marítimo británico Lloyd’s List anunció que dejaría de utilizar el pronombre femenino para referirse a los barcos, la decisión provocó una gran polémica entre el mundo naval. Incluso la Royal Navy dejó claro que para ellos sus barcos seguían siendo «damas».
En España, la situación es algo distinta. Tradicionalmente, el género dependía del tipo de embarcación. Así, las fragatas solían tratarse en femenino, mientras que los navíos o buques recibían tratamiento masculino. Por eso hoy conviven nombres como La Numancia con otros como el Juan Sebastián de Elcano.
Las embarcaciones más importantes de la historia de España
España ha protagonizado algunos de los capítulos más importantes de la historia de la navegación y muchas de sus embarcaciones se han convertido en auténticos símbolos marítimos.
Entre las más conocidas destacan:
- La Niña, La Pinta y La Santa María, las tres naves con las que Cristóbal Colón llegó a América en 1492.
- La Victoria, el único barco de la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano que consiguió completar la primera vuelta al mundo.
- La Santísima Trinidad, considerado durante años el mayor navío de guerra del mundo y uno de los grandes buques de la Armada española del siglo XVIII.
- Juan Sebastián de Elcano, el actual buque escuela de la Armada Española, en servicio desde 1928 y encargado de formar a generaciones de oficiales de la Marina.
- Príncipe de Asturias, antiguo portaaviones que durante décadas fue el buque insignia de la Armada Española.
- Galicia y Castilla, modernos buques de asalto anfibio que participan habitualmente en misiones internacionales y operaciones humanitarias.
Aunque hoy los nombres de las embarcaciones responden a criterios mucho más variados, la tradición de bautizarlas con nombres femeninos sigue formando parte del patrimonio cultural de la navegación y continúa recordando la estrecha relación que los marinos han mantenido durante siglos con el mar, la protección y la buena suerte.
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