Curiosidades
Psicología

La psicología ha llegado a la conclusión de que las personas que no entran en su cuenta del banco no son malos gestores, en realidad están evitando la ansiedad

Abrir la aplicación del banco es un gesto que apenas lleva unos segundos y que muchas personas, puede que hagan a diario por distintos motivos ya sea porque esperan un ingreso, necesitan hacer pagos o tienen un negocio y deben tener las cuentas al días. Pero también los hay que hacen lo contrario. Es decir, no miran casi nunca la cuenta del banco y parece que la psicología tiene algo que señalar al respecto.

Desde fuera puede parecer que quienes no miran nunca la cuenta del banco, simplemente llevas mal la cuentas. Sin embargo, existe un comportamiento estudiado desde hace años que explica por qué algunas personas evitan precisamente aquella información financiera que más les preocupa. Los economistas lo bautizaron como «efecto avestruz». Básicamente, consiste en mirar menos cuando creemos que vamos a encontrarnos malas noticias. Se ha observado con inversores durante las caídas de los mercados y tiene bastante que ver con algo que hacemos también fuera de las finanzas: aplazar aquello que sabemos que nos va a generar malestar.

La psicología confirma que quienes no miran su cuenta bancaria evitan la ansiedad

Niklas Karlsson, George Loewenstein y Duane Seppi estudiaron cómo reaccionaban los inversores ante los movimientos del mercado. Lo que vieron fue que consultaban más sus inversiones cuando el mercado subía y menos cuando las noticias eran negativas. Después llegó una investigación mucho mayor. Se analizaron los accesos a las cuentas de 1,1 millones de inversores durante dos años y volvió a aparecer el mismo patrón. Al día siguiente de una caída del mercado, las consultas descendían alrededor de un 9,5%.

No habían perdido el interés por su dinero de repente. Sencillamente, había menos ganas de comprobar cuánto habían perdido. Es fácil reconocer algo parecido en una cuenta corriente. Has tenido una semana de muchos gastos y sabes que el saldo habrá bajado. ¿Para qué mirarlo ahora?, puedes pensar. Ya lo comprobarás cuando cobres o cuando hayan pasado unos días.

No mirar no cambia el saldo, pero sí cómo te sientes en ese momento

Aquí está una de las claves. Si tienes 300 euros en la cuenta, seguirás teniendo esos 300 euros tanto si entras en la aplicación como si pasas cuatro días sin hacerlo. Lo único que cambia durante ese tiempo es que no tienes delante una cifra que te preocupa. Ese pequeño alivio explica parte de la evitación.

Pasa con otras muchas cosas  y es que si retrasamos abrir un correo porque sospechamos que trae un problema, dejamos para mañana una llamada incómoda o tardamos en consultar el resultado de algo que nos preocupa. Con el dinero puede suceder exactamente lo mismo. Eso no significa que cualquier persona que pase semanas sin mirar el banco tenga ansiedad ni que exista una única explicación para hacerlo. Puede haber quien simplemente controle sus gastos de otra manera. Lo que muestran estos estudios es que esperar una mala noticia puede reducir nuestras ganas de buscar información financiera.

Cuando las cosas van bien entramos más veces

Los investigadores comprobaron también la otra cara del asunto. Los días buenos despertaban más curiosidad. Si las inversiones estaban subiendo, los usuarios accedían con mayor frecuencia a sus cuentas. Ahora bien, tampoco reaccionamos todos de la misma manera. Otras investigaciones realizadas con inversores han encontrado personas que, ante movimientos importantes del mercado, hacen justo lo contrario y empiezan a mirar sus cuentas más veces. Es decir, unos evitan la información y otros necesitan comprobar continuamente qué está ocurriendo. Seguramente fuera de los mercados financieros también conozcas ambos perfiles. Está quien no quiere mirar el saldo después de un fin de semana caro y quien entra tres veces el lunes para comprobar cada movimiento de la tarjeta.

Mirar el banco sin convertirlo en un examen

Evitar la cuenta puede servir para quitarnos una preocupación durante unas horas o unos días, pero hay un inconveniente evidente y es que mientras no miramos, siguen llegando recibos, se cargan compras y el dinero continúa entrando o saliendo. Además, cuanto más tiempo pasa, más fácil es empezar a hacer cuentas de memoria. «Creo que me quedaban unos 600 euros», «este recibo todavía no habrá llegado» o «la tarjeta no la he usado tanto». Y basta con equivocarse en uno de esos cálculos para llevarse después una sorpresa.

Por eso puede resultar más práctico acostumbrarse a mirar la cuenta con cierta normalidad. No hace falta comprobarla continuamente. Basta con encontrar una frecuencia que permita saber qué está pasando sin convertir cada consulta en una especie de examen sobre lo bien o mal que llevamos nuestras finanzas. Porque no abrir la aplicación del banco durante unos días no convierte automáticamente a nadie en un mal gestor. A veces ocurre algo mucho más sencillo: sabemos que la cifra está ahí, sospechamos que no nos va a gustar y decidimos que en ese momento no lo queremos ver.