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La psicología dice que los adultos felices siempre comparten estos 2 recuerdos de su infancia

  • Ángel Pérez
  • Soy Ángel Pérez, periodista titulado por la Universidad Europea y con un máster de Periodismo Deportivo en la Universidad Villanueva.

¿Es posible que los recuerdos de nuestra infancia puedan determinar nuestro nivel de felicidad en la edad adulta? Sabemos que, para ser felices, es importante disfrutar del presente, tener relaciones de calidad y encontrar sentido a nuestras vidas. Pero los psicólogos han descubierto que la infancia juega un papel fundamental con este sentimiento.

Según un estudio de la revista ‘Health Psychology’, la memoria «juega un papel crucial en cómo entendemos el mundo, en cómo organizamos nuestras experiencias pasadas y en cómo juzgamos cómo debemos actuar en el futuro», según explicó el Dr. William J. Chopik, autor principal del estudio. El informe, además, reveló que los recuerdos positivos parecen tener «un efecto positivo en la salud y el bienestar, probablemente al reducir el estrés o ayudarnos a tomar decisiones saludables en la vida». 

El estudio apunta a que dos recuerdos específicos de la infancia pueden influir en nuestro nivel de felicidad en la edad adulta. Los resultados, de una muestra de 22.000 personas, mostraron que quienes recibieron más afecto de sus madres tenían menos probabilidades de desarrollar síntomas depresivos o problemas físicos en la edad adulta. Ese es el primero de los recuerdos determinantes de la infancia. 

Imagen de dos personas felices en un parque. Imagen generada por IA.

El apoyo, clave

El segundo recuerdo a tomar en cuenta según el estudio es el apoyo: «Uno podría esperar que los recuerdos de la infancia sean cada vez menos importantes con el tiempo, pero estos recuerdos todavía permitían predecir una mejor salud física y mental en la madurez y en la vejez». El hecho de recibir apoyo en momentos tristes o cuando necesitabas consuelo ayudó a calmarte, lo que ha llevado a muchas personas a saber mantener la calma ante los problemas.

El informe concluyó que «los recuerdos de una fuerte afectividad parental durante la primera infancia estaban asociados con una mejor percepción de la salud y una disminución de los síntomas depresivos en períodos de aproximadamente 6 y 18 años».