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El lema de vida de León Felipe, poeta español del siglo XX: «No se trata de ser el primero, sino de llegar con todos y a tiempo»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

León Felipe nació en Zamora, dentro de una familia con una posición económica acomodada. Su nombre era Felipe Camino Galicia de la Rosa, aunque la historia de la literatura lo recuerda como León Felipe, seudónimo que adoptó a partir de la publicación de «Versos y oraciones del caminante», publicado en 1919.

Se formó como farmacéutico y ejerció como tal en distintos lugares, pero esa fue sólo una de las muchas profesiones que desempeñó. También recorrió pueblos como actor en modestas compañías de teatro ambulante y pasó tres años en en el penal de El Dueso, en Santoña, tras ser condenado por un desfalco. Más adelante trabajó como administrador de hospitales en Guinea, fue bibliotecario en México durante la década de 1920 y ejerció como profesor en Estados Unidos.

«No se trata de ser el primero, sino de llegar con todos y a tiempo»

«No se trata de ser el primero, sino de llegar con todos y a tiempo». Esta frase de Felipe León resume una manera de entender la vida basada en la solidaridad, la paciencia y el compromiso con los demás. Desde pequeños, muchas veces aprendemos que hay que ganar, destacar o llegar antes que nadie. Sin embargo, León Felipe propone una visión completamente distinta. Para él, el verdadero progreso carece de sentido si deja a personas atrás.

Este pensamiento conecta con valores como la empatía, la cooperación y la responsabilidad compartida. En lugar de entender la vida como una carrera, el poeta la presenta como un camino que recorremos junto a los demás. León Felipe también nos recuerda que la prisa no siempre conduce a un destino mejor, ya que llegar demasiado rápido puede significar perder oportunidades para aprender, compartir experiencias o disfrutar del camino.

A pesar de haber transcurrido muchos años desde que León Felipe escribió esta frase, su mensaje continúa vigente. En una sociedad que premia la competencia constante y el éxito inmediato, sus palabras recuerdan que la grandeza no está en cruzar la meta antes que nadie, sino en asegurarse de que el mayor número posible de personas pueda llegar a ella.

Poemas de León Felipe

Los poemas de León Felipe son una invitación a mirar la vida con honestidad y a cuestionar las injusticias.

Romero

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

Vencidos

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…