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La lección magistral de Lope de Vega, dramaturgo y poeta español del siglo XVII, sobre el amor: «El querer no es elección porque ha de ser accidente»

Solemos hablar del amor como si fuera una decisión: se busca a la persona adecuada, se comparan virtudes y se elige. Lope de Vega, dramaturgo y poeta español del siglo XVII, defendió justo lo contrario en una línea que resume lo que vive quien se enamora de quien no tocaba: «El querer no es elección porque ha de ser accidente».

La frase pertenece al tercer acto de La dama boba, comedia del autor madrileño, nacido en 1562. Con pocas palabras, sostiene que el cariño llega solo y que nadie lo dispone de antemano, una idea que sigue resultando reconocible para cualquiera que haya querido sin buscarlo.

Qué significa la frase de Lope de Vega sobre el amor

El pasaje completo es todavía más explícito: «El amor se ha de tener adonde se puede hallar; que como no es elección, sino sólo un accidente, tiénese donde se siente, no donde fuera razón. El amor no es calidad, sino estrellas que conciertan las voluntades que aciertan a ser una voluntad».

Aquí «accidente» no significa percance, sino suceso fortuito: algo que ocurre sin avisar y sin que lo hayamos planeado. De ahí que el afecto aparezca donde se siente y no donde sería sensato. La imagen de las estrellas apunta, además, al azar o al destino más que a un cálculo.

Lo que cambia es la perspectiva. En lugar de verse como un logro, el amor se asemeja a un golpe de fortuna que reordena planes que nunca lo tuvieron en cuenta.

Cómo leerla en la vida cotidiana

Una lectura posible es la de quitarse presión. Si el sentimiento no se elige, tampoco tiene sentido exigirse enamorarse del candidato perfecto sobre el papel ni castigarse por haberse fijado en alguien inesperado. Las listas de requisitos sirven para muchas cosas, pero no para decidir qué se siente.

La idea también invita a aceptar que un afecto no se apaga ni se enciende por voluntad. Quien intenta querer a la fuerza, o dejar de querer de golpe, suele chocar con la misma evidencia que describe el verso: la emoción va por delante de la razón y a menudo no pide permiso.

Eso no equivale a renunciar a toda responsabilidad. Aunque el sentimiento llegue solo, lo que se hace con él, ya sea cuidarlo, expresarlo o dejarlo ir, sí depende de cada uno. Esa distinción, que el verso no formula pero permite deducir, ayuda a entender que no se elija a quién se ama y, aun así, se pueda elegir cómo se ama.

Un autor familiarizado con los amores desbordados

Lope de Vega, conocido como el Fénix de los ingenios, fue uno de los autores más prolíficos de la literatura universal: se le atribuyen unos 3.000 sonetos y varios centenares de comedias, hasta 1.800 según su discípulo Juan Pérez de Montalbán. Cervantes lo llamó «monstruo de Naturaleza» por esa fecundidad.

Su vida fue tan agitada como su obra y el amor la atravesó de principio a fin. Su primer gran amor fue Elena Osorio; después raptó a Isabel de Urbina, con quien se casó en 1588, y más tarde mantuvo una relación con Micaela de Luján, con quien tuvo cinco hijos. Ordenado sacerdote en 1614, no dejó de enamorarse: en sus últimos años lo hizo de Marta de Nevares.

En una carta de 1616 se retrató así: «Yo he nacido en dos extremos, que son amar y aborrecer; no he tenido medio jamás». Quien vivió el amor con tanta intensidad parecía saber bien que el afecto no obedece a planes.