Alan Turing, padre de la informática: «A veces la persona que nadie imagina capaz de nada es la que hace cosas que nadie puede imaginar»
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El legado de las grandes mentes científicas a menudo sufre distorsiones por culpa de la cultura popular, donde la ficción cinematográfica termina suplantando a la realidad histórica. Un caso flagrante es el de Alan Turing, considerado unánimemente el padre de la informática.
Al matemático británico le asignan de forma recurrente una célebre frase sobre las personas de las que nadie imagina nada, un enigma sobre su veracidad que desvelan las investigaciones sobre su biografía.
Según los registros biográficos de la prestigiosa enciclopedia Britannica, la carrera del británico transformó la lógica moderna, el criptoanálisis y las ciencias de la computación. Sin embargo, su figura pública actual arrastra mitos que las fuentes documentales desmienten de forma tajante al cotejar los discursos reales con los libretos de Hollywood.
La falsedad de la cita más popular de Alan Turing
Hay que ser sinceros: la famosa declaración que reza «A veces la persona que nadie imagina capaz de nada es la que hace cosas que nadie puede imaginar», es muy bonita, sí, pero jamás salió de la boca del científico.
Un análisis publicado en el blog especializado Manturing confirma que ningún documento original avala que Turing pronunciara esas palabras en vida. De hecho, expertos biógrafos de referencia como Andrew Hodges y, el sobrino del matemático, Dermot Turing aseguran que la cita carece de base en las fuentes primarias.
El origen real de este texto se encuentra en el guion de la película de 2014 The Imitation Game. En este largometraje de Hollywood, el actor Benedict Cumberbatch la verbaliza en la gran pantalla. La frase aparece primero en boca de Christopher Morcom, el primer amor de escuela de Turing, y luego el propio protagonista la repite para justificar el reclutamiento de Joan Clarke en Bletchley Park.
Se trata, por tanto, de una licencia dramática creada por un guionista para empatizar con el público, alejada de la realidad del matemático, quien se movía en los entornos clasistas de la Universidad de Cambridge de la década de 1930.
Los verdaderos hitos de Alan Turing, padre de la informática
La importancia histórica de este pensador radica en sus aportaciones lógicas y técnicas. Sus investigaciones cambiaron el rumbo de la ciencia en el siglo XX:
- La máquina universal de Turing: inventada en 1936 durante su trabajo sobre el Entscheidungsproblem (el problema de decisión matemática), este diseño abstracto definió los principios lógicos de los ordenadores digitales modernos.
- La tesis de Church-Turing: formulada junto a Alonzo Church, demostró que los sistemas lógicos puros carecen de un método de decisión efectivo, marcando los límites de la computación humana.
- El descifrado de Enigma: durante la Segunda Guerra Mundial, desde el cuartel de Bletchley Park, diseñó la máquina Bombe. Este aparato electromecánico neutralizó las comunicaciones cifradas del ejército alemán. Hacia 1942, su equipo procesaba unos 39.000 mensajes interceptados al mes.
El destino final de un genio incomprendido
La brillante carrera de este genio sufrió un revés definitivo por motivos ajenos a su capacidad intelectual. En marzo de 1952, la justicia británica lo condenó por «indecencia grave» debido a su homosexualidad, una conducta tipificada como delito en el Reino Unido de la época.
Para evitar la cárcel, aceptó someterse a un tratamiento de castración química mediante hormonas durante un año. Esta penalización le apartó para siempre de los servicios secretos de codificación del Gobierno.
Retirado en la Universidad de Manchester, centró sus últimos meses en la biología matemática y la morfogénesis, y utilizó un ordenador Ferranti Mark I para modelar estructuras anatómicas de seres vivos. El 7 de junio de 1954, el padre de la informática falleció en su cama por envenenamiento con cianuro a los 41 años.
Aunque el veredicto oficial dictaminó un suicidio, las circunstancias reales generan dudas, ya que pudo tratarse de una inhalación accidental en su laboratorio casero o, incluso, de una acción de los servicios secretos.
Décadas más tarde, en 2009, el primer ministro Gordon Brown pidió disculpas oficiales en nombre del Gobierno, y en 2013 la reina Isabel II le otorgó el perdón real.
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