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Mohamed VI

Los palacios de Mohamed VI con puertas de oro, 80 campos de fútbol, 440 hectáreas y más de 1.000 empleados

La monarquía marroquí dispone de una red de palacios y residencias repartidos por algunos de los lugares más importantes del país. Desde Rabat hasta Marrakech, pasando por Fez, Tánger o la costa mediterránea, Mohamed VI cuenta con numerosos enclaves reservados para su uso y el de la Familia Real. Un patrimonio rodeado de secretismo y seguridad que, según distintas estimaciones publicadas, requiere enormes recursos para su mantenimiento.

El más importante es el Palacio Dar al-Makhzen de Rabat, residencia oficial del monarca. Situado en el recinto de Touarga, en el corazón de la capital, el complejo destaca por sus grandes jardines, patios y arquitectura tradicional marroquí. El edificio actual fue levantado en el siglo XIX sobre construcciones anteriores y permanece completamente cerrado al público.

(Foto: Adobe Stock)

Pero si existe una imagen capaz de resumir el lujo de estas residencias es la del Palacio Real de Fez. El complejo ocupa una superficie equivalente a unos 80 campos de fútbol y su entrada está presidida por siete enormes puertas decoradas con azulejos y elementos dorados, elaborados con un nivel de detalle extraordinario. El recinto alberga, además, instalaciones destinadas a la vida de la Familia Real y a su entorno, incluida una escuela vinculada a la casa real.

La red de residencias se extiende también hasta la costa. En Bouznika, entre Rabat y Casablanca, el monarca dispone de una residencia utilizada para periodos de descanso, actividades cinegéticas y encuentros oficiales. Su ubicación, próxima al océano Atlántico, permite además recibir a mandatarios extranjeros lejos de los espacios urbanos más concurridos.

(Foto: Adobe Stock)

En el norte, el Palacio Real de Tetuán y el Palacio de M’diq, conocido también como Palacio de Rincón, son utilizados durante las estancias estivales. Este último destaca especialmente por su proximidad al Mediterráneo y por contar con un embarcadero privado desde el que el monarca puede acceder al mar.

En Marrakech se encuentra otra de las grandes residencias reales. El Palacio Real de Marrakech, de origen histórico y transformado a lo largo de distintas épocas, continúa siendo un recinto de acceso restringido. Cerca de allí se encuentra el espectacular Palacio de la Bahía, uno de los monumentos más famosos de la ciudad, que ocasionalmente acoge recepciones reales.

Fuera de Marruecos, la Familia Real también ha mantenido propiedades de enorme valor. Entre ellas figura el castillo de Betz, en Francia, heredado por Mohamed VI de su padre, Hassan II. El monarca también adquirió en París un lujoso palacete situado en el distrito VII, cerca de la Torre Eiffel, por una cantidad estimada en unos 80 millones de euros.

Mantener semejante entramado de propiedades implica una infraestructura considerable. Seguridad permanente, jardinería, personal doméstico, mantenimiento de edificios históricos y preparación de las residencias para visitas oficiales forman parte de una maquinaria que funciona incluso cuando el Rey no se encuentra en ellas. Algunas informaciones han situado en más de un millar el número de empleados vinculados al funcionamiento de estos complejos, aunque las cifras exactas no son públicas.