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La infancia de Pablo Motos estuvo muy lejos de los focos, los grandes platós y el éxito televisivo que hoy acompaña al presentador de El Hormiguero. A sus 61 años, el comunicador valenciano ha recuperado en distintas ocasiones algunos episodios de aquellos primeros años en Requena, marcados por una familia humilde, una enorme curiosidad y una personalidad especialmente inquieta. Entre las anécdotas que mejor retratan aquella etapa está la de un televisor en blanco y negro que terminó destrozado porque, según su razonamiento infantil, era la manera más rápida de conseguir uno en color. Una historia que resume a la perfección la particular forma de entender el mundo que ya tenía de niño.
Una familia humilde en Requena
Pablo Motos creció en Requena, Valencia, en una familia con recursos modestos. Su padre trabajaba como cocinero en el hospital de la localidad y, por las tardes, completaba sus ingresos como vendedor de libros. El propio presentador ha explicado que en su casa el dinero no sobraba y que aquella realidad contrastaba con la de otros vecinos del edificio.
Una de las diferencias que más llamaba la atención al pequeño Pablo era precisamente la televisión. Mientras los demás vecinos ya disfrutaban de televisores en color, en su casa seguían teniendo uno en blanco y negro. Su padre consideraba que no tenía sentido sustituirlo porque todavía funcionaba perfectamente.
Pero aquella explicación no convencía demasiado al niño.

«Todo el edificio tenía la tele en color, menos nosotros»
Motos ha contado que, siendo muy pequeño, ideó una solución tan sencilla como disparatada. Si el televisor dejaba de funcionar, sus padres tendrían que comprar otro. Y, puestos a imaginar, probablemente sería uno en color.
«Mi familia era muy humilde, todo el edificio tenía la tele en color, menos nosotros», recordaba el presentador en una entrevista. Su razonamiento infantil fue directo: si tiraba el aparato al suelo, tendría unos segundos para asumir las consecuencias, pero después llegaría el ansiado televisor en color.
Y así ocurrió. Motos decidió tirar la televisión.

Un niño especialmente inquieto
La televisión no fue el único objeto que sufrió las consecuencias de aquella curiosidad. Motos también ha contado que durante su infancia llegó a provocar incendios en la casa familiar en dos ocasiones, siempre relacionados con experimentos que, vistos desde la perspectiva de un adulto, tenían bastante más riesgo del que él parecía calcular.
En uno de ellos, compró una gran cantidad de cable y conectó varios altavoces al mismo tiempo para comprobar si podían funcionar juntos. Funcionaron durante unos instantes, pero poco después comenzó a arder todo. El propio presentador ha relacionado posteriormente aquella fascinación por probar, desmontar y descubrir con la personalidad que ya mostraba durante sus primeros años.
Su comportamiento también desconcertaba en el colegio. Motos ha explicado que era un niño al que le costaba concentrarse en aquello que no despertaba su interés, mientras que podía pasar horas completamente absorto cuando encontraba algo que realmente le llamaba la atención. En una entrevista llegó a definirse como un niño «rebotado» y recordó que en el colegio no tenían demasiado claro cómo interpretar su comportamiento.