El Rey Felipe VI analizado a través de su estilo por una psicóloga: «Disciplinado, prudente y autocontrolado»
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La moda siempre ha sido una poderosa herramienta de comunicación para la Casa Real española. Mientras que la Reina Letizia se ha consolidado como todo un referente de estilo capaz de generar titulares con cada una de sus apariciones públicas, el vestuario del Rey Felipe suele pasar siempre más desapercibido. Sin embargo, lejos de ser una cuestión menor, su forma de vestir ofrece valiosas pistas sobre su personalidad, sus valores y la imagen que desea proyectar como monarca. Porque aunque sea más discreto que el de su esposa, su estilo también habla de quién es más allá de su papel institucional.
Así lo ha confesado Lara Ferreiro, la reconocida psicóloga y autora del libro ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta. Según sus propios conocimientos, la ropa que el Rey Felipe elige para cada ocasión ha desvelado que es una persona «adaptable y flexible», pero con unos límites «muy definidos». «Destaca por ser disciplinado, prudente, reflexivo y altamente autocontrolado. […] Presenta rasgos de perfeccionismo, exigencia interna y autoobservación constante, propios de perfiles educados en entornos de alta exposición», apunta. Además, añade que, a pesar de que ante todo es rey, también es «padre y muestra un fuerte apego afectivo, protector y orgulloso hacia sus hijas, combinando su rigidez institucional con una dimensión más cálida, cercana y profundamente implicada en su rol familiar». Una personalidad que muestra cada vez de manera más nítida en cada tipo de evento al que acude.
En el caso de actos institucionales, don Felipe activa su versión más rígida. «Su estilo es completamente predecible: trajes oscuros, principalmente en tonos azul marino o negro, combinados con blanco. Desde la psicología del color, el azul transmite confianza, estabilidad y control, mientras que el negro proyecta autoridad, poder y cierta distancia emocional», señala la experta. Pero no solo eso, y es que también refleja su intención de «querer hacerlo bien y no permitirse fallar». «El traje funciona como una especie de armadura emocional que le protege del juicio externo y reduce la incertidumbre», dice.
Esta idea se identifica aún más si se analiza cómo viste en los eventos militares. «Los colores predominantes son verdes militares, azules oscuros, rojos en bandas y tonos neutros que están profundamente ligados a la psicología del poder y la estructura: transmiten disciplina, resistencia, jerarquía y control. Aquí prácticamente desaparece el individuo y se fusiona con la institución», comenta la mencionada. Por otro lado, en estos dos ámbitos, Ferreiro también ha destacado que a lo largo de los años se ha percibido una evolución sutil en su imagen, como el cuidado de la barba con mayor naturalidad, lo cual ha introducido un matiz de cercanía y madurez. «Psicológicamente, esto refleja algo importante: una autoridad que ya no necesita ser tan rígida para imponerse, porque está más consolidada», explica.
Esta cercanía suele intensificarse aún más cuando acude a eventos culturales o sociales. En ellos, su estilo se suaviza ligeramente y aparecen variaciones en las corbatas. «Sabe cuándo puede permitirse un pequeño grado de expresión sin comprometer su imagen. Es una apertura emocional muy medida. Se adapta, pero no se expone. En citas deportivas, se percibe «una mayor relajación» y en sus looks aparecen tonos más claros y combinaciones menos rígidas. «Cuando el protocolo se relaja, también lo hace su vestuario. En este tipo de contextos o en apariciones más informales, Felipe VI recurre a un armario más desenfadado: prendas básicas como pantalones tipo chino o vaqueros, jerséis ligeros, polos o cinturones de piel. Son looks sencillos en apariencia, pero construidos con el mismo nivel de coherencia y cuidado que sus estilismos más formales», subraya.
En época de vacaciones es donde mejor se aprecia la flexibilización del Rey Felipe. Es en estas fechas cuando abandona la rigidez del traje oscuro para apostar por camisas de lino, pantalones claros, tonos blancos, beige o azul cielo. Unos colores que, según la psicóloga mencionada, están asociados a la calma, la frescura y la cercanía emocional. Sin embargo, aunque su armario se adapta a este entorno relajado, lo cierto es que su lenguaje corporal sigue vinculado a su identidad institucional. «Camina recto, mantiene cierta distancia emocional y no pierde la compostura», apunta. Una actitud por la que también opta en eventos privados o familiares. Y es que incluso en estos contextos, «las prendas están bien combinadas, no hay descuido ni improvisación», algo que deja más que claro que incluso en lo privado, existe «una autobservación constante».
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