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CASA REAL BRITÁNICA

Carlos III y Camila despliegan su lujo ante el sultán de Omán: cigalas, faisán y hasta sal con sus iniciales

  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, con experiencia en medios como Cadena SER, El Independiente y Diez Minutos. Actualmente cuento las historias detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial foco en actualidad, casas reales y televisión.

El castillo de Windsor se ha vestido de gala para una de las citas más importantes de la agenda de la Familia Real británica. Los reyes Carlos III y Camila han ejercido de anfitriones en un espectacular banquete de Estado celebrado este martes en honor al sultán de Omán, Haitham bin Tarik. Una velada marcada por el lujo, la tradición y los numerosos guiños diplomáticos, en la que Kate Middleton ha conseguido convertirse en una de las grandes protagonistas gracias a un elegante vestido amarillo y una de las joyas más emblemáticas de Diana de Gales. La princesa llegó del brazo de su marido, el príncipe Guillermo, luciendo un sofisticado diseño del modisto libanés Elie Saab. Se trataba de un vestido amarillo de corte imperio, silueta vaporosa y delicadas mangas semitransparentes que caían desde los hombros a modo de capa. El escote barco, decorado con detalles trenzados y una discreta abertura en forma de V, aportaba un toque romántico a un conjunto que destacaba por su elegancia.

La elección del diseñador tampoco ha pasado desapercibida. Con este estilismo, Kate ha apostado por una firma de Oriente Próximo, un detalle especialmente significativo teniendo en cuenta el carácter diplomático de la celebración. Sin embargo, la verdadera protagonista de su estilismo ha sido la tiara de los Nudos de los Enamorados, conocida internacionalmente como Cambridge Lover’s Knot, una pieza estrechamente vinculada a la memoria de su suegra, la princesa Diana.

Kate Middleton recupera una de las joyas más queridas de Diana de Gales

La tiara, confeccionada por la prestigiosa joyería Garrard para la reina María a comienzos del siglo XX, está elaborada con diamantes y perlas colgantes en forma de lágrima. Diana de Gales la convirtió en una de sus piezas favoritas durante su matrimonio con el entonces príncipe Carlos y protagonizó con ella algunas de sus apariciones más recordadas.