Marisa Paredes vestía de Prada
Fue musa de Almodóvar y presidenta de la Academia de cine
De Marisa Paredes digo rotundamente que era buenísima actriz. Y parece que en eso coincide casi todo el mundo salvo aquellos que son incapaces de separar el arte de un ser humano de sus ideas no coincidentes con las suyas. Paredes se comía la cámara como nadie, tenía una maravillosa voz grave y un amplio registro aunque lo que mejor se le daba era dar vida a mujeres desgraciadas por culpa de un malvado hombre…y «el maldito patriarcado».
Pero Marisa Paredes también se bajaba de escenario como todos y era persona fuera de su personaje. Y fue ahí, siendo ella directora de la Academia de Cine y yo trabajando en la prensa de dicho organismo y en el año aquel del No a la guerra, cuando la conocí in situ trabajando en los ensayos de la gala cada día. ¿Se acuerdan ustedes de la película El diablo viste de Prada y la magnífica interpretación de Meryl Streep y su famosa frase para terminar de hablar con su equipo, that´s all (eso es todo)? Pues así la recuerdo yo a Marisa en aquél año que me tocó trabajar con ella. En honor a la verdad, le teníamos miedo porque cualquier fallo podría hacer que entrara en cólera y eso…ahora lo sé, nos generaba a bastantes mucha ansiedad, que nos comíamos calladitos porque somos de otra generación, eso también es verdad.
Recuerdo que en aquellos ensayos estaba también Concha Velasco y Loles León que también se gastaba su buen genio. La que era absolutamente encantadora y muy profesional en los ensayos, que podían llegar al agotamiento de tanto que quería repetir y repetir, era Concha Velasco. Y precisamente me ha venido todo esto a la cabeza por aquel día que, en la capilla ardiente de Concha Velasco, Marisa Paredes le gritó delante de todas las cámaras a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid: ¿Qué hace aquí? ¡Fuera! ¿Lo recuerdan? Fue hace un año. Hubo mucha controversia y división de opiniones. A mí me sorprendió entre poco y nada su actitud, (la de Marisa Paredes), porque conocía su genio y malas pulgas y porque ella, como buena militante de la izquierda que era, se arrogaba la posesión de la cultura. Así como del feminismo y otras causas que ellos creen que sólo les pertenecen a los suyos.
Aquello no fue una valentía sino una enorme falta de respeto por varias razones: porque a los muertos se les vela, no se montan mítines políticos frente a su cadáver. Porque la presidenta Ayuso tenía todo el derecho del mundo a acudir a la capilla ardiente de Concha, primero por su cargo y segundo porque la admiraba, de la misma forma que admiraba yo a la Paredes por sus soberbias interpretaciones aunque ni comulgaba con sus ideas ni mucho menos con sus formas.
¡Qué bien enterramos en España! Dicho lo cual, descanse en paz y siempre nos quedarán sus magníficas interpretaciones.
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