La confesión más impactante de Isabel Preysler: «Me estoy volviendo exageradamente egoísta»
Isabel Preysler ha reconocido que no echa de menos la vida en pareja
La reina de corazones ha confesado que estar con sus nietos le proporciona una "alegría inmensa"
Con motivo del 80º aniversario de la revista del saludo, Isabel Preysler ha concedido una de sus entrevistas más impactantes. Para ello, la conocida como la reina de corazones ha abierto las puertas de su residencia de Madrid y ha hablado como nunca de sus rincones. Según ha revelado, la compró tras casarse con Miguel Boyer para disfrutar de su familia numerosa: «Era una casa a la medida de nuestras necesidades de entonces. Piensa que éramos una familia con muchos niños y hay un dormitorio para cada uno de ellos. Siempre ha estado llena de nuestros hijos, sus amigos, los nuestros… No hay un rincón de la casa que no hayamos vivido», comenzaba a decir.
Confesaba que aunque sus hijos ya son mayores y se han independizado, aún no ha sufrido el ‘síndrome del nido vacío’ ya que le muestran diariamente que les sigue haciendo ilusión estar con ella. Además, ahora, con la llegada de sus nietos, todo es diferente: «Me gusta estar sola, la paz y la tranquilidad… Pero no puedo comparar todo eso con la alegría inmensa que siento cuando estoy con mis nietos. Esos momentos no los comparo con nada», reconocía. No obstante, al mismo tiempo, revelaba que no echaba de menos la vida en pareja: «Creo que me estoy volviendo exageradamente egoísta. Maniática, incluso, con la necesidad de silencio, y feliz con la independencia y la libertad que da el no tener pareja… Mis amigas me toman el pelo y me lo discuten, pero yo les digo que soy feliz así. De verdad que lo soy», expresaba.
Los duros momentos que ha vivido en su hogar
Tal y como ella misma ha contado, su residencia de Puerta del Hierro aguarda unos recuerdos maravillosos y otros menos amables. De hecho, fue el lugar donde el que era su marido, Miguel Boyer, sufrió un ictus. «Fue arriba, en la galería. Estaba colocando un libro en un estante y oímos el ruido que hizo cuando tuvo el ictus y se cayó al suelo», recordaba.
Isabel también destacaba que Miguel siempre le mostró que era muy feliz entre las paredes de aquella casa. De hecho, ha confesado que incluso cuando estaba convaleciente, disfrutó de ella. «En la clínica no paraba de pedirme que le trajese aquí. En cuanto pudieron darle el alta, volvimos», explicaba.
El apodo con el que que Íñigo Onieva se refiere a la casa
Tamara Falcó ha sido la última en abandonar la residencia de su madre. Ahora vive con Iñigo Onieva a escasos metros de su progenitora, algo que le permite visitar a Isabel continuamente: «Da su clase de gimnasia aquí todos los días. Y también viene a comer o cenar a casa continuamente. A sus perras las tengo, en este momento, aquí conmigo. Íñigo llama a esta casa la ‘guardería canina’», revelaba a ¡Hola!
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