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La Tierra se está partiendo en dos y los científicos no salen de su asombro: la grieta que puede cambiarlo todo

  • Janire Manzanas
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La corteza terrestre está formada por numerosas placas tectónicas, en cuyos límites se concentra una intensa actividad sísmica que, en la superficie, se manifiesta en forma de terremotos o maremotos. Ahora, un equipo de científicos ha observado por primera vez cómo se está formando una grieta en una región del Pacífico noroeste ubicada entre la isla de Vancouver, en Canadá, y la frontera norte de Estados Unidos. Según las observaciones, el movimiento se debe a que una de las placas tectónicas se está fragmentando progresivamente y comenzando a hundirse bajo otra, en un proceso de subducción.

«Ésta es la primera vez que tenemos una imagen clara de una zona de subducción en pleno proceso de desaparición. En lugar de colapsar de golpe, la placa se está desintegrando poco a poco, creando microplacas más pequeñas y nuevos límites. Así que, en vez de un gran accidente, es como ver un tren descarrilar lentamente, vagón a vagón», detalla Brandon Shuck, profesor adjunto de la Universidad Estatal de Luisiana y autor principal del estudio.

La grieta que podría transformar por completo el planeta Tierra

El descubrimiento se sitúa en la zona de subducción de Cascadia, una gigantesca falla geológica inversa de más de 1.000 kilómetros de longitud que discurre paralela a la costa oeste de Norteamérica. En este tipo de procesos, una placa oceánica (en este caso las placas de Juan de Fuca y Explorer) se introduce bajo la placa continental norteamericana. Este fenómeno es conocido por su elevado potencial sísmico, ya que en el pasado se han registrado en la región megaterremotos de magnitud superior a 9,0, capaces de desencadenar tsunamis de gran alcance que incluso han llegado hasta las costas de Japón.

En Cascadia, un grupo de geólogos liderados por Brandon Shuck ha identificado una grieta de aproximadamente 75 kilómetros de longitud que muestra un comportamiento desigual: algunas zonas siguen mostrando actividad sísmica, mientras que otras presentan una calma inusual. «Una vez que un fragmento se ha desprendido por completo, ya no produce terremotos porque las rocas dejan de estar conectadas», explica Carbotte.

Para capturar este proceso, los investigadores utilizaron una técnica conocida como reflexión sísmica, una especie de «ecografía» del planeta. Desde el buque de investigación Marcus G. Langseth, se enviaron ondas sonoras hacia el fondo marino, mientras un cable receptor de aproximadamente 15 kilómetros de longitud registraba los ecos devueltos por las distintas capas del subsuelo.

Las imágenes obtenidas revelaron un sistema de fallas y fracturas de decenas de kilómetros que atraviesan la corteza como si fueran cicatrices antiguas. Cada una de estas estructuras refleja una historia de tensiones acumuladas durante millones de años, hasta que la propia dinámica del planeta acaba reordenando o rompiendo esas zonas de debilidad en la litosfera.

«Estos nuevos hallazgos nos ayudan a comprender mejor el ciclo de vida de las placas tectónicas que dan forma a la Tierra», señala Suzanne Carbotte, una de las investigadoras del estudio.

Un desplazamiento de cinco kilómetros

La explicación es que, cuando un fragmento termina de separarse por completo, las rocas dejan de permanecer enganchadas entre sí y cesa la generación de microseísmos. En este contexto, el silencio también se convierte en una señal geológica.

El trabajo describe un proceso gradual y por etapas. Los límites transformantes actúan como “tijeras naturales” que van cortando la placa oceánica, favoreciendo la formación de microplacas. No se trata de un colapso repentino, sino de una reorganización lenta del sistema tectónico. Este cambio no implica que la Tierra se esté «rompiendo» de forma catastrófica ni que vaya a surgir una nueva costa de inmediato. Lo relevante es que las fronteras entre placas pueden reorganizarse desde dentro, modificando su dinámica a largo plazo.

Los datos proceden del experimento sísmico CASIE21, realizado en 2021. Mediante el envío de ondas al subsuelo marino y la captura de sus ecos con una red de sensores submarinos de unos 15 kilómetros, los científicos han podido «observar» el interior de la corteza. El método funciona como una especie de ecografía del planeta, permitiendo reconstruir estructuras ocultas bajo el lecho oceánico, donde la tectónica opera a escalas temporales que superan cualquier experiencia humana directa.

La gran sorpresa del estudio fue detectar un desplazamiento de aproximadamente cinco kilómetros en una sección de la placa. Este movimiento sugiere que el sistema no sólo presenta deformaciones, sino que podría encontrarse en una fase avanzada de ruptura interna.

La Zona de Subducción de Cascadia se monitoriza constantemente debido a su potencial para generar megaterremotos. Sin embargo, los investigadores señalan que el fenómeno observado no implica un aumento del riesgo inmediato de un gran desastre, sino que, según sus interpretaciones, podría ayudar a comprender mejor la dinámica interna de la región. En este sentido, el estudio de cómo se distribuye la tensión y cómo se fragmenta la placa puede contribuir a mejorar los modelos de prevención y los sistemas de alerta temprana frente a terremotos y tsunamis.