Cómo se forma un terremoto: placas tectónicas, epicentro y escala Richter
Cómo se forma un terremoto: qué son las placas tectónicas, dónde está el epicentro, qué mide la escala Richter y cuáles han sido los terremotos más destructivos de la historia.
Posibilidad terremoto en España
Terremoto de magnitud 9.0 que ha destruido una isla
Imágenes de terremotos en Venezuela
Hay fenómenos naturales que impresionan por su fuerza, pero pocos generan tanta incertidumbre como un terremoto. Un huracán puede seguirse durante días y una tormenta suele dar alguna señal antes de descargar toda su intensidad. El terremoto aparece sin avisar, cuando el suelo empieza a moverse y los edificios parece que vibran. Todo tiene una explicación y no es por azar.
Se trata de un proceso de geología que se ha estado formando durante mucho tiempo, una energía que se ha ido acumulando hasta que el terreno ya no aguanta más la presión. El comienzo del terremoto es eso, la ruptura del suelo.
Cómo se forma un terremoto: placas tectónicas y fallas geológicas
Las placas tectónicas de la Tierra nunca permanecen inmóviles. Se desplazan de forma continua sobre una capa más profunda del manto terrestre, donde las altas temperaturas permiten que los materiales fluyan muy lentamente. El movimiento apenas alcanza unos centímetros al año, una velocidad comparable al crecimiento de las uñas. Parece insignificante, pero mantenida durante millones de años basta para levantar cordilleras enteras, abrir océanos o modificar continentes.
El verdadero problema surge cuando dos placas interactúan entre sí. No todas lo hacen de la misma manera. En algunos lugares chocan frontalmente; en otros se separan, permitiendo que ascienda nuevo material desde el interior del planeta; también existen zonas donde simplemente se deslizan una junto a otra.
Ninguno de estos movimientos es perfectamente suave. Las superficies rocosas presentan una enorme fricción y eso hace que las placas puedan quedar bloqueadas durante mucho tiempo. Mientras tanto, el desplazamiento continúa intentando producirse y la tensión aumenta poco a poco sin que exista ninguna señal visible desde la superficie.
Podría compararse con una rama que se dobla lentamente. Durante bastante tiempo parece resistir sin problemas, pero llega un instante en que ya no soporta más presión y termina rompiéndose de golpe. En las fallas geológicas sucede algo parecido, aunque las fuerzas implicadas son infinitamente mayores.
Las fracturas donde tiene lugar este proceso reciben el nombre de fallas geológicas. Algunas apenas tienen unos pocos kilómetros de longitud, mientras que otras atraviesan regiones enteras. Un buen ejemplo es la falla de San Andrés, en California, muy conocida en todo el mundo.
Qué es el epicentro y el hipocentro de un terremoto
Se trata de dos palabras que escuchamos cuando ha ocurrido un terremoto. El hipocentro está bajo la superficie terrestre, allí donde se produce la ruptura. Desde allí parten las ondas sísmicas que se expanden en todas las direcciones.
Su profundidad puede variar mucho. Algunos terremotos tienen un foco situado a menos de diez kilómetros bajo tierra. Otros alcanzan varios cientos de kilómetros, especialmente en zonas donde una placa tectónica se introduce bajo otra. Esa diferencia condiciona en gran medida los efectos del seísmo.
Por encima del hipocentro encontramos el epicentro. No está en el interior de la Tierra, sino en la superficie. Es simplemente el punto situado verticalmente sobre el lugar donde comenzó la ruptura.
Qué mide la escala Richter y qué diferencia tiene con la escala Mercalli
La escala Richter fue desarrollada en 1935 por el sismólogo estadounidense Charles F. Richter. Es una potente herramienta para medir la magnitud de un terremoto, partiendo de las ondas que registran los sismógrafos.
Los institutos y entidades actuales usan otro tipo de resultados más precisos. Aun así, la expresión «escala Richter» sigue apareciendo en medios de comunicación y conversaciones porque resulta mucho más familiar para el público.
La escala Mercalli responde a una lógica completamente diferente. No intenta medir la energía del terremoto, sino describir cómo se ha sentido y qué efectos ha producido en cada lugar.
Sus niveles van del I al XII. Precisamente por eso la intensidad Mercalli puede cambiar de una localidad a otra durante el mismo terremoto. Un municipio construido sobre roca firme quizá experimente un movimiento moderado, mientras que otro situado sobre sedimentos blandos registre una intensidad considerablemente mayor.
Las características de los edificios también modifican el resultado. Las construcciones diseñadas con criterios antisísmicos absorben parte de la energía y reducen los daños. En cambio, las edificaciones antiguas o levantadas sin ese tipo de medidas presentan una vulnerabilidad mucho mayor.
Las zonas sísmicas más peligrosas del mundo
El llamado Cinturón de Fuego del Pacífico es una de las zonas más peligrosas. Tiene muchos volcanes activos, lo que se relaciona con la actividad sísmica.
Japón es uno de los países que mejor representa esa convivencia diaria con los terremotos. Su población está acostumbrada a realizar simulacros desde la infancia y gran parte de sus edificios incorpora sofisticados sistemas capaces de absorber parte del movimiento sísmico. Aun así, la amenaza nunca desaparece del todo.
Chile vive una situación similar. México también convive con una intensa actividad sísmica. La interacción entre varias placas tectónicas provoca movimientos relativamente frecuentes y ha llevado a desarrollar sistemas de alerta temprana que, aunque solo proporcionan unos segundos de margen, pueden marcar una diferencia importante en determinadas circunstancias.
Indonesia y Filipinas forman parte igualmente del Cinturón de Fuego.
Los terremotos más destructivos de la historia
A lo largo de la historia hemos conocido terremotos intensos.
El temblor de tierra de Shaanxi, en China, que sucedió en 1556, es el más mortal que existe con algún registro histórico relativamente fiable, con la estimación de aproximadamente 830.000 cadáveres. Muchas viviendas fueron excavadas directamente en laderas de tierra compactada y fueron destruidas durante el movimiento.
Cuatro siglos más tarde, Chile (1960) registró el temblor de tierra más violento medido instrumentalmente hasta el presente. Alcanzó magnitudes de 9,5 y liberó un nivel de energía difícilmente imaginable. El temblor de tierra provocó un gran tsunami que atravesó el océano Pacífico, incluso las costas de Japón y Hawái.
Conclusión
La mejor estrategia continúa siendo la prevención. Edificios aptos para soportar intensos movimientos, planes de emergencia perfectamente ensayados y una población informada disminuyen considerablemente el impacto cuando la naturaleza libera, una vez más, la enorme energía que permanece oculta en el interior de la superficie terrestre.
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