Ciencia
Energías limpias

La ciencia española sigue de enhorabuena: en Cádiz ya producen hidrógeno a partir de bacterias y residuos diésel

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La producción de biodiésel genera un subproducto inevitable: el glicerol. En todo el mundo se generan cada año cantidades enormes de este compuesto, que resulta difícil de gestionar. Por este motivo, investigadores andaluces llevan años buscando la manera de convertir esa carga en algo de valor real. ¿El resultado? Un proceso que transforma ese residuo en hidrógeno limpio.

Detrás está el Grupo de Biotecnología Molecular de la Universidad de Cádiz (UCA), liderado por el catedrático Jorge Bolívar, con financiación de la Junta de Andalucía y la Cátedra Fundación Cepsa. Su estudio acaba de publicarse en la revista Microbial Cell Factories.

Dos bacterias, dos fases y un residuo: ¿Cómo producen hidrógeno en Cádiz?

El sistema encadena dos microorganismos en fases secuenciales, tal y como describen los investigadores. En la primera, una cepa modificada de Escherichia coli convierte el glicerol en ácido málico mediante fermentación oscura, un proceso anaeróbico que no requiere luz ni condiciones especiales de cultivo.

El equipo logró concentraciones de ácido málico cercanas a los once gramos por litro en 24 horas, una de las cifras más altas registradas hasta la fecha usando glicerol como única fuente de carbono.

En la segunda fase entra la bacteria fotosintética Rhodobacter capsulatus, que usa ese ácido málico para generar hidrógeno mediante fotofermentación.

Lo más llamativo del método es que no hace falta purificar el ácido málico entre una fase y la siguiente: los investigadores transfieren el cultivo directamente, lo que elimina un paso que hasta ahora encarecía el proceso y lo hacía poco competitivo frente a otras alternativas.

El glicerol, el residuo que el biodiésel genera en cantidades industriales

Cada tonelada de biodiésel produce alrededor de 100 kilogramos de glicerol como subproducto. El compuesto que sale de estas instalaciones tampoco tiene la pureza que exigen los mercados convencionales, lo que añade costes de refinado y limita aún más sus salidas comerciales.

A escala global, más de 50 millones de toneladas anuales de este residuo buscan destino sin encontrarlo, lo que genera una sobreoferta que deprime su precio y convierte su gestión en un problema logístico y medioambiental.

La estrategia del equipo gaditano consiste en convertir ese excedente en materia prima. En lugar de tratar el glicerol como un problema, lo integran como punto de partida de un proceso que culmina en hidrógeno.

Con ello, la producción de biodiésel podría dejar de generar un residuo sin salida y empezar a producir dos cosas a la vez: combustible renovable y gas limpio.

¿Cuál es el paso que aún debe dar la Universidad de Cádiz para que su hallazgo pueda generar hidrógeno limpio?

Los investigadores de la UCA reconocen que el sistema necesita optimización antes de poder evaluarse a escala industrial.

Sin embargo, el diseño apunta directamente a las biorrefinerías, que, para quienes no sepan qué son, se trata de instalaciones que ya producen biodiésel y que podrían integrar este proceso para generar hidrógeno con los residuos que hoy descartan. El modelo no requiere construir infraestructuras completamente nuevas, sino adaptar las ya existentes.

Recordemos por último que España tiene compromisos ambiciosos en materia de hidrógeno verde dentro del marco europeo, y el Plan de Recuperación contempla este vector energético como pieza de la transición.

Y dicho esto, hallazgos como el de la UCA abren una vía de producción que no depende ni de la electrólisis del agua ni de los reformadores de gas natural (los dos métodos que dominan el sector en la actualidad).

Un proceso bacteriano que arranca del glicerol sobrante de las plantas de biodiésel encaja donde otras tecnologías no llegan. Y todo, en instalaciones ya existentes, con residuos que de otro modo habría que gestionar.