Adiós a los osos polares de siempre: los científicos confirman que están cambiando su ADN por esta razón
Un estudio revela que los osos polares podrían estar cambiando su ADN para evitar el riesgo de extinción
Cada vez quedan menos osos polares en el mundo, y lo peor de la noticia es que afecta a otras 11 especies
Las consecuencias del deshielo en los polos: Un enfoque científico
La imagen de un oso polar flotando sobre un trozo de hielo, es algo que todo hemos visto y que no ha dejado de fotografiarse en los últimos años. El cambio climático ha provocado que haya menos hielo, más agua abierta y que los osos, y otros animales se vean obligados a moverse más para encontrar el mismo alimento que antes tenían a mano. Los investigadores insisten desde hace tiempo en que este escenario está empujando a la especie hacia una situación complicada. Y las cifras oficiales no ayudan: la población mundial, que se calcula entre 22.000 y 31.000 ejemplares, mantiene al oso polar dentro de la categoría de vulnerable en los informes del Fondo Mundial para la Naturaleza.
Las previsiones tampoco invitan al optimismo. Hay estudios que plantean que, de aquí a 2050, podrían perderse dos tercios de los individuos actuales. Y si el hielo sigue derritiéndose tal y como hace ahora, algunas estimaciones llegan a hablar de extinción total a finales de siglo. El hielo marino es su base para casi todo ya que es donde cazan, descansan, se desplazan y encuentran el alto contenido graso de las focas, que es lo que realmente sostiene su metabolismo.
Pero en medio de todas estas señales, los científicos han tropezado con algo que no esperaban. Un grupo de investigadores reveló en la revista Mobile DNA que ciertos osos polares están mostrando cambios genéticos rápidos, algo poco habitual en una especie tan especializada. La explicación estaría en que existen ejemplares de ciertas zonas de Groenlandia, que tienen partes del ADN que se están moviendo y reorganizando a un ritmo mayor del normal, posiblemente como respuesta directa al calor y al estrés ambiental. Eso no significa que la especie tenga garantizada su supervivencia, pero sí abre una vía para entender por qué algunos grupos parecen adaptarse de forma distinta a un clima que se acelera sin descanso.
Los osos polares están cambiando su ADN por esta razón
La investigación, liderada por la Universidad de East Anglia (UEA), analizó muestras de sangre de osos polares que viven en dos zonas muy diferentes de Groenlandia: el noreste, más frío y estable, y el sureste, mucho más cálido, con temperaturas variables y un hielo marino que retrocede antes cada año. Esa comparación permitió descubrir algo que les dejó sorprendidos, ya que los ejemplares del sureste parece que muestran una actividad genética que no aparece en los osos del norte.
Según la investigadora principal, la doctora Alice Godden, el aumento de las temperaturas está disparando la actividad de los llamados genes saltarines, pequeñas piezas móviles de ADN conocidas también como transposones. Estos elementos pueden insertarse en distintas partes del genoma y, al hacerlo, modificar su funcionamiento. En otras palabras, pueden reescribir el ADN a un ritmo mucho más rápido del habitual.
Los científicos detectaron más de 1.500 transposones activos en ascenso en los osos del sureste de Groenlandia, un nivel que se considera excepcional. Es la primera vez que se observa una relación estadística clara entre el aumento de las temperaturas y la alteración del ADN en un mamífero salvaje, lo que convierte este hallazgo en algo especialmente relevante para la biología evolutiva.
El clima cálido y la presión del entorno, detrás del cambio
La comparación entre regiones mostró que, mientras el noreste mantenía una temperatura más baja y estable, el sureste registraba fluctuaciones bruscas y un ambiente mucho más cálido. Allí, los osos se enfrentan a hielo más frágil, menos días aptos para la caza y una mayor dificultad para acceder a alimentos ricos en grasa.
En ese contexto, la activación masiva de los transposones parece una respuesta directa del organismo al estrés ambiental. Según Godden, el ADN actúa como un manual de instrucciones, pero cuando el entorno cambia tan rápido, ese manual se reescribe para intentar adaptarse. De ahí que estos osos estén mostrando modificaciones aceleradas en regiones relacionadas con el metabolismo, el envejecimiento o la resistencia al calor.
Y no es lo único. También se identificaron cambios en genes vinculados al procesamiento de grasas, algo crucial cuando la disponibilidad de alimento disminuye. Este ajuste metabólico coincide con otro fenómeno observado sobre el terreno: algunos osos del sureste están empezando a incorporar más vegetación a su dieta, algo impensable en los ejemplares del norte, acostumbrados a alimentarse casi exclusivamente de focas.
La evolución como mecanismo de supervivencia, pero con límites
El funcionamiento de los transposones puede imaginarse como piezas de un puzle que se recolocan para formar una imagen distinta. A veces esa reorganización resulta útil. A veces no. Y a veces abre la puerta a una adaptación que permite resistir condiciones extremas. Los investigadores subrayan que, en los osos polares del sureste, esta reescritura del ADN parece formar parte de un intento acelerado de adaptación al calentamiento del Ártico.
Sin embargo, el propio equipo científico es claro. El hallazgo es esperanzador pero no significa que la amenaza haya desaparecido. Los osos polares siguen perdiendo territorio y alimento a un ritmo insostenible, y aunque esta población concreta pueda ofrecer pistas sobre cómo evolucionaría la especie, no hay garantía de que el resto pueda seguir ese camino. Godden lo resume explicando que este grupo de Groenlandia podría ser un mapa genético para entender cómo sobrevivir, pero si las temperaturas continúan aumentando, ninguna adaptación será suficiente.
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