El refugio de Dabiz Muñoz en este pueblo de Castilla-La Mancha: rodeado de manantiales, bosques de pinos y un Sol Repsol
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Acostumbrado a liderar uno de los restaurantes más exigentes del mundo, Dabiz Muñoz que ostenta además el título de mejor chef del mundo, también necesita parar. Y cuando lo hace, no busca destinos de lujo ni grandes ciudades, sino justo lo contrario: silencio, naturaleza y un ritmo completamente distinto en un pueblo que se encuentra en Castilla-La Mancha.
En un entorno muy alejado del foco mediático y en plena Serranía de Cuenca, el chef tiene un vínculo personal que va más allá de lo profesional cono uno de esos pueblos repletos de encanto, también en lo gastronómico. Pero no se trata de un destino elegido al azar, sino de un lugar al que vuelve por raíces y por necesidad. En concreto, hablamos de Huerta del Marquesado que es ese punto de desconexión para Muñoz y que es pueblo pequeño, discreto y sin artificios, donde la vida sigue otro ritmo y donde puede pasar desapercibido como un vecino más.
El refugio de Dabiz Muñoz en este pueblo de Castilla-La Mancha
Huerta del Marquesado es uno de esos municipios que no aparecen en las rutas más habituales, pero que sorprenden cuando se descubren. Con poco más de 150 habitantes, se sitúa a más de 1.200 metros de altitud, en un entorno marcado por la montaña y el paisaje forestal.
La zona está rodeada de pinares y atravesada por corrientes de agua que nacen en manantiales naturales. De hecho, el agua es uno de los elementos más característicos del lugar, hasta el punto de formar parte de su identidad y de su actividad económica. Además, aquí el día a día tiene poco que ver con el de una gran ciudad ya que predominan los oficios tradicionales, la ganadería y una agricultura de autoconsumo que todavía forma parte de la vida cotidiana del pueblo.
Manantiales, bosques y un paisaje que invita a parar
Uno de los grandes atractivos de Huerta del Marquesado es su entorno natural. Los manantiales de agua mineral no sólo alimentan el paisaje, sino que también han sido durante décadas un punto de encuentro para los vecinos.
El sonido del agua, los caminos entre pinos y la sensación de aislamiento convierten este lugar en un destino perfecto para desconectar. No hay grandes infraestructuras turísticas ni aglomeraciones, lo que refuerza esa idea de refugio tranquilo y muy cerca del núcleo urbano se pueden encontrar rutas sencillas para caminar, además de enclaves como la cascada del Pozo de la Horca o accesos al Parque Natural de la Serranía de Cuenca.