Conoce el curioso ritual de verano holandés: Dejar a los niños solos en el bosque
Una curiosa tradición en Holanda se vive cada verano. Consiste en dejar solos a los niños en el bosque para que aprendan a enfrentar sus propios desafíos.
¿Dejarías solo a tu hijo o a tu hija en el bosque cuando es de noche? Seguramente la respuesta de todos (o casi) los padres será que no, pero en Holanda piensan de forma distinta y de hecho, es popular un rito de verano que sirve para que los niños puedan aprender a desenvolverse por sí solos en un entorno desconocido.
Conoce el rito de verano holandés de dejar solos a los niños en el bosque
Parece una broma pero no lo es, como si fueran unos modernos «Hansel y Gretel», algunos padres en Holanda, llevan a sus hijos al bosque para que sepan enfrentar sus miedos, sin importar que la noche sea oscura y tormentosa. Un rito que no es para nada nuevo, sino que en los Países Bajos se lleva practicando desde hace siglos.
Esta es una tradición o rito que sirve para que niños ya mayores puedan convertirse en adultos o de alguna manera, entrar en una edad más madura. El rito de iniciación recibe el nombre de «drop down» algo así como «ser derribado», porque el propósito es precisamente «hacer que los niños despierten al mundo» cuando llegue el momento, entre los 12 y 13 años, para que aprendan de inmediato a enfrentar los desafíos de la vida con sus propias fuerzas. Una manera curiosa de «espabilar» a los niños si bien los holandeses creen en la autonomía de sus hijos, que es fundamental para su futuro.
Lejos de pensar que el rito se realiza en libertad o con unos padres dejando a sus hijos solos en mitad de la oscuridad del bosque sin más, lo cierto es que la práctica ha sido regulada, de modo que la actividad suele hacerse en grupo de niños cuyo objetivo es llegar a un campamento base, donde les espera un equipo de expertos (y también los padres).
De este modo, el rito se convierte en una actividad que los niños realizan no solos, sino formando un grupo que se mantiene siempre unido y que se sumerge en los bosques y también pasan toda la noche antes de encontrar el camino de regreso. Eso sí, los niños tienen los ojos vendados antes de llegar al punto en el que son dejados, y en ocasiones, aparecen otros niños más mayores para gastarles bromas o ponerles pruebas.
Según esta tradición tan peculiar, el niño o niña aprende a contar con uno mismo y con la propia fuerza , formar un grupo, no depender excesivamente de los padres, comprender que la vida implica desafíos inevitables y que uno debe aprender a enfrentarlos. Tanto es así que el rito que era mucho más primitivo en el pasado, se ha actualizado y de hecho, hoy está más vivo que nunca en Holanda y otras zonas colindantes.
Una tradición sin duda peculiar que aunque escandalizará a muchos padres, en Holanda se entiende como una oportunidad de crecimiento para los hijos.
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