OkBaleares
EL CUADERNO DE PEDRO PAN

La semilla del ‘Mallorca Chamber Music Festival’ bien merece germinar

El certamen nace como punto de encuentro para intérpretes emergentes

Reclama un compromiso institucional con las nuevas generaciones de músicos

A falta de poder conversar con mayor detenimiento con el impulsor de la idea, Joan López de Soria, la verdad es que la simple aparición en escena del Mallorca Chamber Music Festival es motivo de sincera admiración y, además, plantea una serie de interrogantes que merecen ser atendidos.

En una primera aproximación, estamos ante una reunión de once amigos, a quienes une el interés activo por la música de cámara, y todos ellos reunidos bajo un denominador común: son músicos emergentes, jóvenes promesas inmersas en pleno proceso de consolidación. Por ejemplo, el propio López de Soria acabó con honores la carrera en el Conservatorio de Madrid y, con tan solo 23 años, ya está encarrilado en la Joven Orquesta Nacional, además de haber participado en la formación del trío Moment, mientras continúa en Viena su proceso educativo. Precisamente los otros dos miembros, al piano, Javier Moyà, y al chelo, Fabiola Sebastián, son parte de los músicos que se han reunido en la isla para el debut del Mallorca Chamber Music Festival.

Todo parece indicar que el esfuerzo ha sido grande y, probablemente, sin ser debidamente correspondido en cuanto a la ayuda económica, a excepción de la Dirección General de Cultura del Govern, que, en colaboración con el Institut d’Estudis Baleàrics, ha puesto las bases para hacer realidad el acto central de esta experiencia en Can Oleo: el homenaje a Ramon Llull, en el 710º aniversario de su muerte, que consistirá en la lectura de fragmentos del Llibre de l’amic e amat (1276), en catalán antiguo, por la filóloga Carme Bennàssar, intercalando fragmentos de autores como Bridge (1875-1941), Webern (1883-1945), Halvorsen (1864-1935), Isaac Albéniz (1860-1909) y Gustav Mahler (1860-1911). No se trata de una selección a capricho, no.

Ambas eras, finales del siglo XIII y la transición del XIX al XX, comparten momentos de crisis en los lenguajes tradicionales, la intensa búsqueda de la trascendencia y la evolución hacia una subjetividad radical. Por tanto, hay razones suficientes para entender la cita en Can Oleo como el acto central de esta primera edición del Mallorca Chamber Music Festival, de alguna manera inspirado en el ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Juan March, en el que intervino el trío de López de Soria, Sebastián y Moyà.

La idea original es tan hermosa como volátil, pues, tratándose de carreras a punto de echar a volar, su organización no puede depender de quienes están inmersos en un momento crítico de sus respectivas trayectorias. En cambio, sí es una idea que merece ser acogida por las instituciones. De manera que el germen fundacional, «punto de encuentro para dar visibilidad a jóvenes emergentes con talento y excelencia artística», en palabras de Joan López de Soria, no caiga en saco roto, garantizando así en firme su continuidad.

Debo aclarar que me estoy refiriendo a la maquinaria que se mueve detrás de la iniciativa, porque el talento de gente como López de Soria debe estar en primera línea, siempre. Ocurre con prestigiosos solistas vinculados, sea como fundadores o simplemente como directores artísticos, a festivales varios.

¿Dónde entraría en juego la Administración? En el ámbito de la cultura, por supuesto. En este sentido, no olvidemos que, en un período de tiempo corto —eso espero, al menos—, será inaugurada la Caja de Música, que va mucho más allá de ser la sede en propiedad de la Orquesta Sinfónica de Baleares: debe adquirir un protagonismo mucho más inspirador, posibilitando iniciativas y poniendo en valor proyectos de excelencia artística, y el Mallorca Chamber Music Festival ha puesto una semilla que bien merece germinar.

Su bello auditorio, en construcción, no debe tener como objetivo entrar a competir con las salas de conciertos ya existentes en la isla, sino jugar el papel de faro de esperanza para que emerjan proyectos que, de lo contrario, estarían condenados al ostracismo. Tengo el profundo convencimiento de que la Caja de Música, debidamente gestionada, puede abrirnos puertas al futuro.

En cuanto al ahora mismo del Mallorca Chamber Music Festival, resulta ejemplar observar el desfile de septeto de cuerdas, cuarteto y trío de piano, o también octeto de cuerdas, como resultado de la ambiciosa idea de unos jóvenes emergentes que interactúan entre sí por amor a la música. La Sala Mozart del Auditórium de Palma, como la placenta de un sueño.