Los nuevos ‘chill out’ de la droga en Son Banya: carpas, sofás y normas para consumir junto a los puntos de venta
Estas zonas de consumo están protegidas en algunos casos por carpas de plástico y cuentan con sillas, sofás improvisados
La última redada policial en Son Banya ha permitido descubrir cómo los narcotraficantes del poblado han convertido los antiguos fumaderos en auténticos ‘chill out’ para consumir droga. Se trata de espacios improvisados instalados junto a algunos de los puntos de venta, donde los compradores pueden sentarse y consumir las sustancias adquiridas prácticamente en el mismo lugar.
Estas zonas de consumo están protegidas en algunos casos por carpas de plástico y cuentan con sillas, sofás improvisados e incluso asientos procedentes de vehículos. Una transformación de los tradicionales fumaderos que evidencia, según los investigadores, la capacidad de adaptación de quienes controlan el negocio de la droga en el poblado.
Pero estos nuevos ‘chill out’ de Son Banya no funcionan sin reglas. En algunas de las carpas aparecen incluso instrucciones dirigidas a quienes acceden a estos espacios: «No se pide droga, no se chilla y no se molesta».
El objetivo de estas normas es mantener el orden en unas zonas concebidas para que los compradores puedan consumir la droga adquirida sin alejarse del punto de venta y evitar comportamientos que puedan provocar conflictos o llamar la atención.
Los espacios son completamente improvisados y presentan unas condiciones muy precarias. Carpas, sillas, sofás y asientos de vehículos forman parte del mobiliario de estos particulares lugares de consumo. Algunos de los propios residentes del poblado describen el estado de estos asientos con crudeza y aseguran que tienen «más mierda que el palo de un gallinero».
La aparición de estos nuevos fumaderos reconvertidos en ‘chill out’ supone una nueva vuelta de tuerca en la evolución del negocio de la droga en Son Banya. Ya no se trata únicamente de disponer de lugares destinados a la venta de sustancias estupefacientes, sino también de crear espacios próximos donde los compradores puedan permanecer y consumirlas.
La última intervención policial ha vuelto así a poner el foco en la organización de los puntos de venta de droga de Son Banya, donde las estructuras improvisadas y las carpas sirven ahora también para habilitar estas zonas de consumo.
Los nuevos ‘chill out’ de Son Banya, con sus carpas, sofás improvisados y normas escritas para los compradores, ofrecen una imagen insólita de cómo el narcotráfico continúa transformando sus métodos y espacios para mantener activo el negocio de la droga.
La particular transformación de estos puntos de venta llega incluso a las formas de fidelizar a los clientes. Los responsables de algunos de estos espacios animan a los compradores a dejar un ‘like’ y una buena reseña, como si se tratara de cualquier otro negocio, convirtiendo así la venta de droga en una actividad que busca también cuidar su reputación y mantener la valoración de sus clientes.
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