‘Un déu salvatge’: una tarde de caos hilarante en el Teatro Principal de Palma
La obra es una doble apuesta de Pere Arquillué: además de dirigir, asume uno de los papeles masculinos, replicado por Iván Benet
Interesante que la escritora y dramaturga francesa Yasmina Reza decidiera titular Le Dieu du Carnage su obra de teatro estrenada el 2008. Después la versión cinematográfica de 2011 dirigida por Roman Polanski era mucho más escueta en el titular: Carnage. Viene a cuento porque en España se ha recurrido a un titular agresivo, Un dios salvaje, respetado en la versión de Pere Arquillué, que recientemente se ha representado en el Teatro Principal de Palma en función única.
La traducción literal del original podría llevar a confusión: El dios carnicero. Aunque en realidad la referencia, carnaje, se entiende como sinónimo de caos, aquí en clave de comedia.
Un déu salvatge es una doble apuesta de Arquillué pues además de dirigir asume uno de los papeles masculinos, replicado por Iván Benet, de nuevo interesante, porque el papel de Arquillué viene cargado de ironía, mientras el de Benet viene subrayado por efectos hilarantes. No se quedan atrás las intérpretes femeninas, Maria Ribera y Laura Aubert, ambas ejemplares de la alta burguesía catalana; una casada con un comerciante de éxito, la otra esposa de un abogado de prestigio, y ambas, madres casi atávicas dejando aflorar conductas proteccionistas que en ocasiones las enfrentan y en otras generan unas alianzas que van condimentando gradualmente el caos.
Tenemos a dos matrimonios que deben enfrentarse a la agresión de uno de sus hijos al otro en un parque y han sido reclamados para enfrentarse a la situación y mediar para reconducir la situación. De entrada, todo va según lo previsto en un clima de conciliación, hasta que surgen enfrentamientos en la onda de a los míos con razón y sin ella, hasta derivar en provocación a propósito de comentarios ajenos al conflicto y más propios del carácter de cada miembro de las dos parejas, lo que deriva en una tarde de caos hilarante.
Todo un recital de ambigüedades y de coger el rábano por las hojas, incluso de comunicación no verbal conforme avanza la situación. Interesante todo ese despliegue de posturas que se mueven entre el distanciamiento, también el hartazgo o el cansancio, incluso aproximaciones interesadas. Los cuatro se mueven sobre las tablas con exquisita habilidad, dándole pleno sentido a sus respectivos movimientos, convertidos en el quinto personaje de la obra.
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