Un adolescente abre el portátil, copia el enunciado del ejercicio y lo pega en un chatbot. En unos segundos aparece una respuesta perfecta, lista para entregar. ¿Y si ese “milagro” también borra parte del aprendizaje?
La psicóloga infantil Rocío Ramos-Paúl, conocida como “Supernanny”, lanza una advertencia clara. “La inteligencia artificial está haciendo que nuestros hijos no sean capaces de pensar solos”, dice, y pide que el debate no se quede en si la herramienta es cómoda.
La advertencia
Ramos-Paúl describe una escena que se repite en muchos hogares. “Al hacer los deberes con IA, en lugar de pensar, le piden la respuesta a la IA, no buscan, no se equivocan”, explica. “Teclean y aparece directamente la respuesta acertada”.
Para ella, el riesgo no es la tecnología en sí. “La tecnología no es el problema, sino el uso que estamos haciendo de ella”, remarca. Usar la IA como un botón de “solución instantánea” puede convertir el estudio en un trámite.
Para qué sirven los deberes
La psicóloga insiste en que los deberes no están para “quedar bonitos”. “El objetivo de los deberes nunca ha sido que aparecieran perfectos”, recuerda. “Los deberes no están para acertar, sino para pensar”.
En la práctica, eso significa entrenar el hábito de resolver problemas. Igual que no aprendes a montar en bici viendo a otro pedalear, no aprendes a razonar si alguien te da siempre el final. A veces lo importante es el camino, aunque sea incómodo.
También cuenta la parte emocional. Ramos-Paúl habla de aprender a tolerar la frustración cuando algo no sale a la primera. “Enfréntate a una tarea nueva tú solo, busca soluciones y frústrate si sale mal”, resume.
Delegar el esfuerzo
Hay una idea sencilla detrás de este debate. Es la costumbre de delegar esfuerzo mental en una herramienta. Lo hacemos con el GPS para no memorizar rutas o con la calculadora para cuentas largas.
Con la IA generativa, la que escribe textos y responde como si conversara, puede ocurrir lo mismo, pero en tareas más complejas. Puede resumir un tema, proponer un esquema o pulir un borrador. Eso ayuda si el alumno sigue tomando decisiones y entiende lo que entrega.
El problema aparece cuando la herramienta hace el trabajo central. Un informe de marzo de 2026 de la Universidad de Tecnología de Sídney, firmado por Jason M. Lodge y Leslie Loble, avisa del riesgo de “externalizar” demasiado pensamiento y acabar con una sensación de dominio que no es real. El documento señala que en etapas escolares esa dependencia puede frenar la construcción de bases y hábitos de aprendizaje.
Qué dicen UNESCO y OCDE
En 2023, la UNESCO publicó una guía global sobre IA generativa en educación con Fengchun Miao y Wayne Holmes como autores principales. El texto propone un enfoque “centrado en las personas”, con reglas sobre privacidad y con límites de edad para el uso autónomo en plataformas de este tipo.
La OCDE, en su Digital Education Outlook 2026, también advierte de que es fácil confundir un trabajo bien escrito con aprendizaje real si solo se evalúa el producto final. El informe apuesta por herramientas diseñadas para aprender y por evaluaciones que miren el proceso, no solo el resultado.
La pista de los estudios
La investigación sobre IA y aprendizaje aún está en marcha y no todas las conclusiones son definitivas. Aun así, ya hay estudios que intentan medir qué cambia cuando una persona escribe o estudia con un asistente de IA.
Un ejemplo es un preprint, un trabajo preliminar compartido antes de pasar por la revisión completa de una revista. El equipo de Nataliya Kosmyna, con colaboración de Pattie Maes, comparó a participantes escribiendo con un sistema de IA que genera texto, con un buscador o sin herramientas. Los autores midieron señales del cerebro durante la tarea y describen menor implicación en el grupo que dependía del asistente, además de menos sensación de autoría sobre el texto.
Cómo usar la IA sin perder el músculo
Ramos-Paúl propone empezar por lo básico en casa. Primero, que el niño o adolescente lo intente solo. Luego, si no sabe, “podemos buscar juntos la respuesta”, para que la ayuda llegue después del esfuerzo.
En clase, pedir que el alumno explique cómo llegó a una solución, entregar borradores o añadir una breve reflexión personal obliga a entender lo que se presenta. Son pequeños frenos al “copiar y pegar” que devuelven el protagonismo al estudiante. Y eso, al final, es lo que se quiere evaluar.
Para los jóvenes, una regla práctica es tratar la IA como un tutor, no como un sustituto. Úsala para que te haga preguntas o te señale fallos, y contrasta con tus apuntes y el libro. Al final del día, lo importante no es entregar perfecto, sino aprender a pensar por ti mismo.
La intervención principal se ha publicado en Atrévete, de Cadena Dial.













