Corea del Sur ha convertido una aspiración de décadas en un programa de Estado. El Ministerio de Defensa presentó el 26 de mayo de 2026 la hoja de ruta para desarrollar el primer submarino de propulsión nuclear del país, con una botadura prevista a mediados de la década de 2030. La entrada en servicio llegaría a finales de esa misma década.
El proyecto se llamará Jang Bogo N y tendrá a la Armada surcoreana como futura operadora. Su principal ventaja será permanecer oculto durante mucho más tiempo y moverse con mayor rapidez que un submarino diésel, algo que Seúl considera clave frente a las amenazas submarinas y de misiles de Corea del Norte.
Qué significa propulsión nuclear
Un submarino de propulsión nuclear no es necesariamente un submarino con armas nucleares. Lleva un reactor que produce calor de forma controlada y genera la energía necesaria para mover el buque. Dicho de otro modo, la palabra nuclear describe la fuente de energía, no el armamento.
Los modelos convencionales dependen de baterías, motores diésel o sistemas que permiten navegar un tiempo sin tomar aire del exterior. Los KSS-III surcoreanos ya reducen mucho esa necesidad, pero un reactor puede sostener la navegación sumergida durante periodos bastante más largos y mantener una movilidad elevada.
Cinco principios
El plan oficial detalla cinco principios. Corea del Sur quiere utilizar uranio de bajo enriquecimiento, construir los buques dentro del país, aprovechar su industria nuclear y naval, gestionar cada unidad desde el diseño hasta el desmantelamiento y alcanzar la primera botadura a mediados de los años treinta.
El ministro de Defensa, Ahn Gyu-back, presenta el programa como una iniciativa nacional que exigirá coordinación entre defensa, diplomacia, energía nuclear, ciencia y tecnología. El presidente Lee Jae-myung lo definió como «un símbolo de nuestra voluntad de asumir la responsabilidad por la paz y la seguridad» en la península de Corea.
El nombre Jang Bogo N recupera el legado del primer submarino surcoreano de esa clase. La letra N alude a una nueva generación, a la propulsión nuclear y a tecnologías avanzadas. Una marca sencilla para un proyecto complejo.
Combustible y controles
¿Dónde está el principal cuello de botella? En el combustible y en las reglas para utilizarlo. Seúl ha elegido uranio de bajo enriquecimiento, una categoría diferente del uranio altamente enriquecido, más sensible desde el punto de vista de la proliferación.
Corea del Sur afirma que no desarrollará armas nucleares y que coordinará con Estados Unidos la obtención y gestión del combustible. También promete crear con el Organismo Internacional de Energía Atómica unas salvaguardias específicas para comprobar que el material no se desvía hacia explosivos nucleares.
El plan incluye seguridad física, tratamiento de residuos radiactivos y desmantelamiento final. Son tareas menos vistosas que una botadura, pero separan un prototipo de una flota capaz de operar durante décadas.
Plazos y empleo
El calendario reserva aproximadamente una década para llegar al agua con el primer buque. Después vendrían las pruebas y la entrada en servicio, prevista para finales de los años treinta, mientras el programa industrial completo se extendería durante más de 40 años.
El Gobierno calcula que el desarrollo puede crear más de 40.000 empleos estables y trasladar nuevas capacidades a los sectores naval, nuclear y de defensa. Es una estimación oficial, no un resultado garantizado, y dependerá del presupuesto y de la continuidad política durante varios gobiernos.
En la fase preliminar se ha estudiado una flota de al menos cuatro submarinos de unas 5.000 toneladas. Sin embargo, el plan publicado no fija todavía el número definitivo ni el tamaño final, por lo que esas cifras son un escenario de trabajo y no un pedido cerrado.
Una base ya existente
Corea del Sur no parte de cero. Su programa de submarinos KSS pasó de diseños alemanes a los KSS-III, concebidos y construidos en el país con buena parte de sus sensores y sistemas de combate nacionalizados.
La Armada opera nueve KSS-II y ya incorpora KSS-III de mayor tamaño y autonomía. Pero fabricar un buen submarino convencional no equivale a tener listo uno nuclear, que exige un reactor compacto, personal especializado, instalaciones de mantenimiento y una cadena de combustible para toda su vida útil. Es otro escalón.
Lo que aún falta
Seúl plantea los futuros buques nucleares como complemento de la flota convencional. En la práctica, podrían asumir las patrullas más largas, mientras los KSS seguirían cubriendo misiones regionales donde su coste y tamaño resulten más adecuados. Es una inferencia basada en las capacidades descritas, no una doctrina cerrada.
La fecha de mediados de los años treinta es una meta, no una garantía. Antes deben cerrarse el combustible, las salvaguardias, la regulación nacional, el diseño del reactor y la financiación de una obra que atravesará varias legislaturas. Ahí se decidirá si Jang Bogo N pasa del papel al océano.
El plan oficial se ha publicado en el portal de políticas públicas del Gobierno de Corea del Sur.








