El submarino hundido de la URSS que sigue liberando radiación vuelve a preocupar, y lo que preocupa de verdad es el deterioro silencioso y lo difícil que es intervenir ahí abajo

Publicado el: 13 de junio de 2026 a las 20:42
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Submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets hundido en el fondo del mar de Noruega mientras sigue liberando radiación.

Hay lugares del océano donde la Guerra Fría no terminó del todo. Uno de ellos está en el mar de Noruega, a casi 1.700 metros de profundidad, donde el submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets sigue apoyado sobre el fondo desde 1989.

La conclusión principal no es de película apocalíptica, pero tampoco es menor. El reactor del submarino sigue liberando material radiactivo de forma intermitente, aunque las muestras analizadas no muestran un daño claro en la fauna cercana ni una acumulación preocupante en el entorno inmediato.

El pecio vigilado

El K-278 Komsomolets se hundió el 7 de abril de 1989 tras un incendio a bordo. De los 69 tripulantes, murieron 42, y el submarino quedó en el fondo marino al suroeste de la isla del Oso, con un reactor nuclear y dos torpedos nucleares en su interior.

No es un pecio cualquiera. Hablamos de una máquina militar diseñada para bajar a grandes profundidades y que hoy funciona como una cápsula oxidada de la tecnología soviética. Parece quieta, pero por dentro la corrosión sigue haciendo su trabajo.

La fuga vista en 2019

Noruega lleva décadas vigilando la zona, pero el salto llegó en 2019. Ese año, un robot submarino operado a distancia llamado Ægir 6000 permitió tomar muestras directamente de una tubería de ventilación, recoger sedimentos cerca del casco y observar organismos que vivían sobre el propio submarino.

Los investigadores vieron una especie de nube saliendo de la tubería y también de una rejilla próxima. En algunas muestras, el cesio 137 apareció hasta 800.000 veces por encima de lo habitual en el mar de Noruega, aunque otras muestras del mismo punto no mostraron valores elevados. Raro, pero muy útil para entender qué pasaba.

La pista del reactor

El nuevo trabajo está liderado por Justin P. Gwynn, de la Autoridad Noruega de Seguridad Radiológica y Nuclear, junto con Hilde Elise Heldal, del Instituto de Investigación Marina de Noruega, y otros especialistas como Hans-Christian Teien, Andrey Volynkin, Simon M. Jerome y Ole Christian Lind. El equipo comparó la firma de distintos elementos radiactivos para rastrear su origen.

Dicho de forma sencilla, los radionúclidos son átomos inestables que emiten radiación al descomponerse. Las proporciones de plutonio y uranio detectadas apuntan al reactor, no a una fuente externa, y sugieren que el combustible nuclear se está degradando lentamente al estar en contacto con el agua del mar.

Las armas siguen selladas

La parte delantera del submarino está muy dañada, sobre todo cerca del compartimento de torpedos. Pero las cubiertas y refuerzos instalados por Rusia en los años noventa seguían en su sitio durante la inspección noruega.

Ese detalle importa mucho. Los investigadores no hallaron señales de plutonio de grado militar procedente de las ojivas nucleares del compartimento de torpedos. En la práctica, el foco de la fuga parece estar en el reactor, no en las armas.

Por qué no parece dañar la fauna

La profundidad juega a favor del mar, al menos por ahora. A esa distancia de la superficie, el material liberado se diluye muy rápido y hay poca vida marina en la zona exacta del pecio. Por eso, las autoridades noruegas sostienen que la fuga no supone un riesgo para las personas, los peces o el marisco.

Eso no significa que el problema haya desaparecido. Significa que, con los datos actuales, el impacto parece local y limitado. Una nube radiactiva en un vídeo submarino impresiona, claro. Pero una cosa es verla salir del casco y otra muy distinta que llegue a la cadena alimentaria.

Qué falta por saber

La gran pregunta ahora es por qué la fuga cambia con el tiempo. A veces aparece, a veces no, como una gotera que solo se deja ver cuando las condiciones encajan. Los científicos quieren volver al pecio para entender mejor la corrosión del reactor y calcular qué puede pasar con el material nuclear que queda dentro.

También hay una lección más amplia. El Komsomolets es solo uno de los rastros que dejó la carrera nuclear del siglo XX en el mar. Al final del día, la vigilancia no busca alimentar el miedo, sino evitar que un problema lento y silencioso pase desapercibido durante otra generación.

El estudio principal se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.


Techy44

Redacción Techy44 by Okdiario. Grupo de periodistas dedicados a divulgar noticias sobre tecnología, ciberseguridad, informatica, inteligencia artificial y juegos.

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