Un mensaje de deberes a las diez de la noche puede parecer poca cosa. Pero cuando ese hábito se repite entre profesores, familias y alumnos, la escuela acaba funcionando como un móvil que no se apaga nunca.
La Xunta de Galicia quiere cortar ese ruido con una futura Lei de Educación Dixital. La norma, impulsada por la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades y FP que dirige Román Rodríguez, regulará WhatsApp, móviles, inteligencia artificial, grabaciones en clase y horarios de comunicación escolar.
WhatsApp sale del aula
La medida más visible será el fin de las comunicaciones por WhatsApp entre familias y profesorado. La Xunta plantea que los mensajes pasen por canales oficiales, con herramientas institucionales como Abalar, y no por grupos o chats privados que se mezclan con la vida personal.
En la práctica, eso significa que un aviso, una tutoría o una incidencia tendrán que dejar rastro en una vía formal. Rodríguez lo resumió con una idea sencilla al hablar de mensajes enviados a horas poco razonables. “No es razonable”, dijo sobre esas comunicaciones nocturnas.
El derecho a la desconexión digital será una pieza central. Es decir, familias, alumnos y docentes no deberían sentir que tienen que contestar siempre, a cualquier hora, como si el colegio estuviera abierto dentro del bolsillo.
Móviles con protocolo
Galicia ya había limitado el uso del móvil durante la jornada escolar, incluidos recreos, comedores y actividades extraescolares, salvo excepciones pedagógicas bajo supervisión docente. Según la Xunta, una encuesta de convivencia atribuyó a esa medida una mejora del clima en los centros para buena parte del profesorado y de las familias.
La nueva ley quiere reforzar ese veto y añadir una hoja de ruta para cuando un alumno lleve un smartphone a clase “por picaresca”. El protocolo busca dar seguridad jurídica al profesor, una forma técnica de decir que el docente sabrá qué pasos seguir y no quedará vendido ante un conflicto.
No se trata solo de quitar un aparato. La idea es que haya un procedimiento claro, proporcional y conocido por todos, porque un móvil mal usado puede acabar en distracción, grabaciones, difusión de imágenes o broncas que saltan del aula a redes sociales en minutos.
IA con límites
La inteligencia artificial no quedará fuera del aula, pero tampoco tendrá barra libre. La Consellería prevé autorizar sistemas homologados para ayudar a crear materiales, adaptar contenidos o detectar dificultades de aprendizaje, siempre con supervisión humana.
La IA, explicada fácil, es un programa capaz de generar textos, resumir información o proponer ejercicios a partir de datos. Puede ser útil, sí. Pero no puede convertirse en el profesor de la clase ni decidir sola sobre un alumno.
La futura norma prohibirá usos sensibles, como el reconocimiento facial, el análisis emocional o el seguimiento biométrico del alumnado. También vetará que una herramienta intente identificar condiciones cognitivas o de aprendizaje que deben valorar profesionales cualificados.
Privacidad en clase
La ley también prohibirá grabar clases sin autorización y difundir exámenes, tareas o imágenes del alumnado en redes sociales o servicios de mensajería. Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, defendió que la actividad educativa debe desarrollarse con privacidad y respeto tanto para alumnos como para docentes.
Habrá excepciones concretas, por ejemplo cuando una grabación tenga una finalidad didáctica o de apoyo académico. Pero la regla general será clara. La clase no es contenido para subir a internet.
La Xunta también prevé un sistema de sanciones para los malos usos. Aún falta concretar si serán medidas administrativas, económicas o de otro tipo, pero el objetivo declarado es que la ley no quede en una lista bonita de buenas intenciones.
Papel y pantallas
La nueva regulación llega en paralelo a la revisión de E-Dixgal, el programa gallego de enseñanza digital. La Xunta ya anunció cambios para reforzar un modelo híbrido, con ordenadores y también libros de texto en papel en centros participantes.
Esto no significa volver a la tiza y olvidarse de la pantalla. Más bien apunta a un equilibrio. Al final del día, la tecnología funciona mejor cuando ayuda a aprender y no cuando ocupa todo el pupitre.
Román Rodríguez defiende que la digitalización abrió una puerta importante, sobre todo para alumnos que tuvieron su primer contacto serio con un ordenador o una tableta gracias al programa. Pero ahora la Consellería admite, en gran medida, que las pantallas deben usarse con más criterio.
Universidades en revisión
El debate digital no es el único frente educativo abierto en Galicia. La Xunta también revisa el decreto que fija mínimos de alumnado para mantener titulaciones universitarias, en un contexto de caída demográfica y carreras con más plazas que estudiantes.
El marco vigente contempla mínimos de nuevo ingreso para grados y másteres, aunque permite excepciones para titulaciones singulares o estratégicas del Sistema Universitario de Galicia. Ahí entran estudios que pueden no llenar aulas, pero que siguen siendo necesarios para formar profesorado o sostener áreas clave.
La cuestión de fondo es delicada. ¿Se puede cerrar una titulación con pocos alumnos si luego faltan docentes de latín, griego u otras áreas? La Consellería quiere buscar un punto de equilibrio entre demanda real, mercado laboral y necesidades de país.
El anteproyecto oficial ha sido publicado por la Xunta.













