EEUU pensó que alejando sus portaaviones de Asia resolvería el conflicto, pero China ha hecho un movimiento que no estaba en sus planes: ahora tiene un manual para cazar la flota norteamericana a 3.000 km

Publicado el: 5 de julio de 2026 a las 08:02
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Portaaviones estadounidense USS Carl Vinson navegando cerca de Guam durante una operación de la Marina de Estados Unidos en el Pacífico.

Alejar un portaaviones del litoral enemigo parece una solución de manual. Más agua por medio, más tiempo para reaccionar y menos riesgo. Pero en el Pacífico actual la distancia empieza a parecerse menos a un muro y más a una carrera entre sensores, misiles y datos.

Un equipo chino encabezado por Gao Tianyun ha publicado un trabajo que plantea cómo atacar formaciones navales dispersas a larga distancia, con Guam en el centro del cálculo estratégico. La conclusión no es que China pueda hundir mañana un portaaviones estadounidense, sino algo más incómodo para Washington. Moverlos más lejos ya no basta para sacarlos del mapa de amenazas.

Un plan contra Guam

El estudio aparece en la revista china Tactical Missile Technology bajo un título que, traducido, habla de operaciones inteligentes con enjambres de misiles antibuque en una confrontación distribuida. Lo firman Gao Tianyun, Bu Tianrui, Du Lin y Fu Xuefei, vinculados a la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa.

La pieza se entiende mejor si se mira la estrategia estadounidense. La Marina de Estados Unidos trabaja con operaciones marítimas distribuidas, una forma de repartir barcos, sensores y armas para que un rival no pueda tumbar todo el conjunto con un solo golpe. Su plan de navegación de 2024 sitúa esa preparación en un entorno de combate intenso y disputado en el Indo-Pacífico.

La cadena de ataque

El trabajo chino no gira en torno a un arma mágica. Describe una cadena de ataque, que es el proceso completo de encontrar un blanco, seguirlo, decidir qué arma usar y mantener la información actualizada hasta el impacto.

En la práctica, eso significa combinar satélites, drones, aviones radar, submarinos, buques e inteligencia de señales. No vale solo con lanzar lejos. Hay que saber dónde está el grupo naval cuando los misiles llegan.

¿Por qué importa? Porque un portaaviones no navega solo. Viaja con escoltas, radares, sistemas de guerra electrónica y señuelos, como una burbuja defensiva que se mueve a gran velocidad.

Agotar las defensas

El objetivo de un enjambre no sería atravesar una coraza como si fuera una bala perfecta. La idea es más simple y más incómoda. Obligar a la defensa a mirar demasiadas cosas a la vez.

Un grupo de combate estadounidense puede usar interceptores, radares, bloqueo electrónico y armas de corto alcance. Pero esos recursos no son infinitos. Si llegan amenazas desde varios ángulos y en poco tiempo, el problema deja de ser solo la potencia de cada misil y pasa a ser la gestión del caos.

El resumen del artículo chino habla de paquetes de fuego con varios tipos de misiles y de una coordinación centrada en armas hipersónicas. También insiste en algo menos vistoso, pero clave. Conocer al adversario antes de atacar y ajustar las soluciones durante el combate.

El alcance no basta

Este punto conviene subrayarlo. Tener un misil que llega lejos no es lo mismo que acertar a un buque que se mueve. Un portaaviones cambia de rumbo, reduce señales, usa interferencias y puede desplegar engaños para confundir al atacante.

Un informe de la Comisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China ya señaló que Guam está a unos 3.000 kilómetros de la China continental y que el DF-26 podía poner bajo riesgo instalaciones estadounidenses en la isla. El mismo documento advertía que golpear barcos móviles cerca de Guam seguía siendo una capacidad incierta y no demostrada públicamente.

Ahí está la parte difícil. La cadena de ataque debe seguir viva mientras el blanco se mueve y mientras el rival intenta romper sensores, comunicaciones y radares. Es como intentar seguir una moto en una ciudad llena de túneles, pero a escala oceánica.

El mensaje real

Por eso el trabajo debe leerse con cuidado. No prueba una capacidad operativa lista para mañana. Sí muestra qué problema quiere resolver una parte de la investigación militar china, que es atacar formaciones dispersas y muy protegidas a distancias que antes parecían más tranquilizadoras.

Para Washington, la advertencia es clara. La dispersión y el repliegue hacia lugares como Guam pueden seguir siendo útiles, pero ya no funcionan como refugio psicológico. En el tablero del Pacífico, los kilómetros compran tiempo, no inmunidad.

Al final del día, la pelea no va solo de quién tiene el misil más rápido. Va de quién puede encontrar primero, decidir antes y mantener conectada su red cuando el otro intenta apagarla. Esa es la parte menos espectacular, y quizá la más importante.

El estudio principal se ha publicado en Tactical Missile Technology.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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