Un profesor experto en IA y robots militares advierte que ya entramos en territorio Terminator, y el problema no es el robot: es la automatización de la decisión

Publicado el: 5 de junio de 2026 a las 09:41
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Robot militar autónomo equipado con sensores e inteligencia artificial durante una operación en terreno desértico.

La imagen de un robot soldado capaz de pensar, moverse y disparar sin esperar cada orden humana parecía ciencia ficción. Kenneth Payne, profesor de Estrategia en King’s College London, sostiene que esa frontera ya empieza a moverse en los campos de batalla modernos. En una entrevista reciente, el experto lo resumió con una frase incómoda: «Estamos empezando a adentrarnos en territorio Terminator».

Payne no habla de una película, sino de sistemas autónomos, robots y software de IA que pueden tomar decisiones rápidas en entornos violentos. La idea clave es sencilla y preocupante, si un chatbot puede razonar con contexto, un robot conectado a sensores podría aplicar parte de ese razonamiento en una guerra. ¿Quién responde entonces si se equivoca?

Robots con mente de IA

El académico lleva años estudiando cómo la psicología, la estrategia y la inteligencia artificial pueden cruzarse en un conflicto. Su libro I, Warbot plantea cómo la IA puede cambiar la forma de combatir y decidir en una guerra.

En la práctica, Payne habla de máquinas «enraizadas». Es decir, robots que no se quedan en una pantalla, sino que usan cámaras, sensores y software para interpretar el mundo físico. No es solo un dron controlado a distancia.

Payne afirma que ya ha visto despliegues de robots humanoides en el escenario de Rusia y Ucrania, aunque lo presenta como una señal de tendencia más que como una guerra tomada por androides. Lo importante no es que tengan forma humana. Lo importante es que la robótica militar está saliendo del laboratorio.

Por qué cambia la guerra

Para Payne, la guerra no se parece tanto al ajedrez como al «póker de alto riesgo». Hay azar, información incompleta y rivales que intentan engañarse. Por eso la IA atrae a los ejércitos.

Un sistema avanzado puede procesar mapas, sensores y datos en segundos. También puede sugerir rutas, priorizar amenazas o coordinar máquinas sin esperar una cadena de llamadas. Suena útil, sobre todo cuando todo ocurre a la vez.

Pero justo ahí aparece el problema. Un comandante humano puede dudar, captar un gesto extraño o frenar una orden. Un sistema automatizado puede seguir la meta marcada aunque la situación merezca prudencia.

Armas autónomas

Un arma autónoma es un sistema que, tras ser activado, puede seleccionar y atacar objetivos sin otra intervención humana directa. El Comité Internacional de la Cruz Roja advierte desde hace años de que estos sistemas plantean dudas legales, humanitarias y éticas. El usuario no siempre sabe cuál será el objetivo exacto ni el momento del ataque.

La pregunta de fondo es quién conserva el juicio. Naciones Unidas ha pedido avanzar hacia un instrumento legal vinculante antes de 2026 para prohibir las armas autónomas letales que funcionen sin control humano y regular el resto. La Unión Europea también defiende que el control humano debe mantenerse en el uso de la fuerza letal.

Escala y velocidad

Payne señala dos fuerzas que empujan a los ejércitos hacia más autonomía. Una es la escala. Un enjambre de drones o robots puede desplegar tantos sistemas a la vez que un operador humano no tendría manos ni cabeza para dirigirlos uno por uno.

La otra es la velocidad. En ciberataques o defensas automatizadas, las decisiones llegan en fracciones de segundo. Para responder a una máquina que ataca muy rápido, la tentación es poner otra máquina a contestar.

Ahí entra la carrera armamentística. Si un país cree que su rival usará robots autónomos, tenderá a desarrollarlos también. Al final del día, nadie quiere llegar tarde a una tecnología que podría decidir una batalla.

Lo que los robots no sienten

Payne también reconoce un posible lado positivo. Los robots no se cansan, no sienten miedo y no actúan por rabia. En teoría, eso podría reducir errores humanos ligados al pánico, la venganza o el agotamiento extremo.

Pero no sentir nada no equivale a juzgar mejor. Un sensor puede confundir una pistola de juguete con un arma real. Una IA puede valorar la escena de forma fría, sin comprender el peso moral de una vida civil.

También hay un riesgo político. Si las bajas propias caen porque pelean máquinas, iniciar una operación militar podría parecer menos costoso. Menos ataúdes, menos presión pública.

El límite sigue siendo humano

Payne no cree que los soldados desaparezcan mañana. Hay límites muy terrenales, como baterías, mantenimiento, barro, polvo, interferencias y averías. La IA corre deprisa, pero un robot físico sigue necesitando energía y piezas que resistan el campo de batalla.

Por eso el escenario más probable no es un ejército totalmente robótico, sino una guerra mixta. Humanos, drones, sensores y sistemas de IA trabajando juntos, a veces con más autonomía de la que muchos ciudadanos imaginan. No es una escena de Hollywood.

La entrevista principal se ha publicado en The Sun.


Kevin Montien

Comunicador Social y Periodista con más de seis años de experiencia en la creación y edición de contenidos digitales para medios de alto impacto, como Revista Semana y ahora en Red+ Noticias. Me destaco por mi capacidad para redactar noticias y cubrir eventos internacionales, como el Giro de Italia 2022. Con conocimientos en estrategia digital y SEO, así como en la optimización de contenidos para Google Discover.

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