El Wi-Fi está cada vez más apretado. Videollamadas, streaming, móviles, consolas, sensores y hogares conectados compiten por el mismo espacio invisible, y eso se nota cuando una red se satura justo en el peor momento.
Un equipo de investigadores en Reino Unido ha probado un sistema inalámbrico óptico que envía datos con luz y alcanza 362,7 gigabits por segundo en laboratorio. No es un sustituto inmediato del router de casa, pero sí una pista seria de hacia dónde puede ir la conectividad en oficinas, hogares y espacios públicos.
Una red que usa luz
La idea se llama comunicación inalámbrica óptica. En vez de mover datos mediante ondas de radio, como hace el Wi-Fi, usa haces de luz dirigidos a una zona concreta.
Dicho de forma simple, es como convertir una lámpara muy precisa en una autopista de datos. La Universidad de Cambridge explica que el LiFi aprovecha la luz para crear conexiones rápidas, seguras y con baja latencia.
El chip de los láseres
El sistema utiliza un chip con veinticinco láseres diminutos organizados en cinco filas y cinco columnas. Estos láseres se conocen como VCSEL, un tipo de emisor que ya se usa en centros de datos porque puede encenderse y apagarse a gran velocidad.
El trabajo fue desarrollado por investigadores del LiFi Research and Development Centre de la Universidad de Cambridge, junto con la Universidad de Manchester, Integrated Compound Semiconductors y Compound Semiconductor Centre. Entre los autores figuran Hossein Safi, Sina Babadi, Isaac Osahon, Adrian Sparks, Iman Tavakkolnia y Harald Haas.
La cifra que llama la atención
Durante las pruebas, veintiuno de los veinticinco láseres funcionaron al mismo tiempo. Cada uno transmitió entre 13 y 19 gigabits por segundo, y juntos llegaron a 362,7 gigabits por segundo a través de un enlace de dos metros.
Para imaginarlo, piensa en muchas carreteras pequeñas trabajando a la vez, no en una sola autopista gigante. Esa transmisión en paralelo es lo que permite alcanzar una cifra tan alta sin depender de una única fuente de luz.
Haces para varios usuarios
Enviar muchos haces a la vez no es tan sencillo. Si se mezclan demasiado, las señales se pisan, como varias conversaciones en una habitación pequeña.
El equipo usó microlentes y óptica de distribución para dar forma a cada haz y colocarlo en una zona definida. En las pruebas, la iluminación fue uniforme en más del 90 por ciento del área objetivo, y cuatro enlaces simultáneos mantuvieron una conexión estable con unos 22 gigabits por segundo en total.
Menos energía por dato
La velocidad no es el único punto importante. El sistema consumió cerca de 1,4 nanojulios por bit, aproximadamente la mitad de lo indicado para tecnologías Wi-Fi comparables en condiciones similares.
Esto no significa que la factura eléctrica de una casa vaya a desplomarse mañana. Pero en oficinas, hospitales, centros de datos o edificios llenos de dispositivos, mover datos con menos energía puede marcar una diferencia real.
No mata al Wi-Fi
Los investigadores no plantean esta tecnología como un reemplazo total del Wi-Fi o de las redes móviles. La idea es complementarlas, descargando parte del tráfico en interiores donde hay mucha demanda.
En la práctica, podría integrarse en techos, puntos de acceso o sistemas de iluminación. Aun así, queda trabajo por hacer para convertir un montaje de laboratorio en un producto barato, robusto y cómodo para el usuario.
Lo que falta por comprobar
El resultado se logró en un enlace de dos metros y con receptores concretos. Los propios investigadores señalan que receptores más rápidos podrían elevar todavía más el rendimiento, pero eso tendrá que demostrarse con nuevos ensayos.
La clave no está solo en batir récords. El avance muestra que un chip compacto, muchos láseres pequeños y haces bien dirigidos pueden abrir una vía para redes interiores más rápidas y con menos interferencias.
El estudio oficial se ha publicado en Advanced Photonics Nexus.












