El plan surcoreano que preocupa a Europa: 11.000 drones de entrenamiento este año, 60.000 en 2029 y más de 20.000 aparatos baratos y prescindibles para toda su tropa

Publicado el: 27 de julio de 2026 a las 18:42
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Exposición de drones militares de Corea del Sur dentro del plan para desplegar 60.000 drones en sus Fuerzas Armadas antes de 2029.

¿Y si el equipo habitual de un soldado incluyera un pequeño dron junto al arma personal? Corea del Sur quiere acercarse a ese escenario con un programa para formar a unas 500.000 personas y repartir decenas de miles de aparatos por todas sus fuerzas armadas.

La medida resume una transformación ya visible en Ucrania. Los drones baratos no han sustituido a los tanques, la artillería o los misiles, pero sí han cambiado cómo se detecta, se mueve y se protege una unidad.

Drones para todo el ejército

El Ministerio de Defensa de Corea del Sur prevé incorporar unos 11.000 drones durante 2026 y elevar la cifra a alrededor de 60.000 en 2029. No estarán reservados a una unidad especial, sino repartidos entre el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina.

«Los drones ya no deben ser equipos de unas pocas unidades, sino una herramienta de combate universal», afirmó el ministro Ahn Gyu-back. Seúl también quiere más de 20.000 aparatos baratos y prescindibles, además de municiones merodeadoras, drones que esperan en el aire hasta localizar un objetivo.

El programa también incluye defensas con láseres y microondas de alta potencia. Estos sistemas concentran energía para dañar un dron o inutilizar su electrónica sin gastar un misil en cada intento.

Por qué Corea del Sur acelera

Corea del Norte es la amenaza más inmediata. La OTAN y Naciones Unidas han señalado que Pyongyang envió más de 11.000 soldados a apoyar a Rusia, una experiencia que puede aportar conocimientos sobre un frente saturado de drones.

También pesa la demografía. Las fuerzas armadas surcoreanas se han reducido cerca de una quinta parte en seis años, hasta unos 450.000 efectivos. En 2025, el país registró 254.500 nacimientos y 363.400 muertes, según las estadísticas oficiales.

Pero formar a medio millón de personas no equivale a disponer de medio millón de operadores eficaces. Enrique Dans, investigador sénior de CEPA, advierte de que harán falta instructores, repuestos seguros y compras públicas capaces de seguir una tecnología que puede cambiar en semanas.

Una franja donde moverse cuesta

En Ucrania se habla de «zona de muerte» para describir la franja donde casi cualquier movimiento puede ser detectado y atacado poco después. En muchos sectores alcanza entre 15 y 20 kilómetros, según varios análisis de RUSI y publicaciones militares.

Los drones FPV, pilotados con una cámara que transmite lo que ve a unas gafas, se combinan con sensores, guerra electrónica y modelos conectados por fibra óptica. Ese cable evita muchas interferencias de radio y mantiene el control cuando hay bloqueadores.

Eso dificulta reunir grandes columnas o mover refuerzos a plena vista. No significa que el frente sea inmóvil, pero avanzar exige más camuflaje, rutas alternativas y señuelos que hace pocos años.

La nueva economía del combate

Un dron FPV puede costar cientos o pocos miles de dólares y aun así inutilizar un vehículo mucho más caro. A veces basta con obligar a un convoy a detenerse, dispersarse o buscar otra ruta.

Usar interceptores muy caros contra oleadas de aparatos baratos desgasta el presupuesto y las reservas. Por eso varios ejércitos investigan drones cazadores, interferidores y armas de energía con un coste menor por disparo.

El aparato final es solo la punta de la lanza. Baterías, motores, cámaras, chips y talleres cercanos al frente deciden cuántos drones pueden fabricarse, repararse y actualizarse antes que el adversario.

Taiwán sigue la misma lógica

Taiwán tampoco puede igualar de forma simétrica el número de barcos, aviones y misiles de China. Su respuesta incluye una defensa distribuida y una industria propia de drones, con contratos sensibles que prohíben componentes fabricados en China.

El Ministerio de Economía de Taiwán quiere multiplicar por diez el valor del sector para 2028 y reducir la dependencia de Pekín. Así, el dron se convierte en herramienta militar, política industrial y producto para socios internacionales.

Cuando decide el algoritmo

Un arma autónoma es un sistema que, una vez activado, puede seleccionar y atacar un objetivo sin una nueva orden humana. Ucrania está desarrollando drones más autónomos, aunque la mayoría conserva supervisión humana y la plena autonomía sigue siendo excepcional en la información pública.

El Comité Internacional de la Cruz Roja advierte de que delegar decisiones de vida o muerte dificulta distinguir entre civiles y combatientes, medir la proporcionalidad y exigir responsabilidades. Por eso pide prohibir los sistemas impredecibles y mantener un control humano real.

¿Quién responde cuando el algoritmo se equivoca? El operador, el comandante, el programador, la empresa o el Estado pueden haber participado, pero repartir la decisión entre tantas manos puede dejar la responsabilidad en tierra de nadie.

Ejércitos en red

Los ejércitos que surgen de este cambio se parecen menos a colecciones de grandes plataformas y más a redes de personas, talleres, datos y aparatos reemplazables. Un mismo militar puede actuar como sensor, piloto, analista y enlace.

El reto no es solo comprar más drones. También consiste en aprender más rápido, producir cerca y actualizar la doctrina sin que cada mejora tarde años. Esa es la nueva gramática de la guerra.

La versión internacional del análisis de Enrique Dans se ha publicado en el Center for European Policy Analysis.

El comunicado oficial se ha publicado en el Ministerio de Defensa de Corea del Sur.


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