China pone en marcha un proyecto que preocupa al Pentágono: busca un misil hipersónico capaz de volar a ras de mar por debajo del radar y reducir así los tiempos de alerta de EEUU

Publicado el: 26 de julio de 2026 a las 15:28
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Instalación del túnel hipersónico JF-12 de la Academia China de Ciencias, utilizado para investigar tecnologías de vuelo hipersónico.

China ha puesto en marcha un proyecto de investigación para llevar al límite la aerodinámica de futuros vehículos de alta velocidad. El escenario con mayor impacto militar sería un sistema capaz de volar a velocidad hipersónica y mantenerse relativamente cerca del mar o del terreno, donde los radares disponen de menos tiempo para verlo.

¿Significa esto que Pekín ya tiene un nuevo misil listo para atacar barcos? No. La información pública describe un programa de ciencia básica, no un arma terminada, pero sus resultados podrían servir algún día para misiles de crucero, aeronaves no tripuladas u otras plataformas difíciles de detectar e interceptar.

Un proyecto de cinco años

El programa se titula «Métodos de diseño para superar los límites del rendimiento aerodinámico de componentes clave de aeronaves». La Universidad de Ciencia y Tecnología de China sitúa su duración entre diciembre de 2025 y diciembre de 2030, con un presupuesto de 20 millones de yuanes dentro de un plan de la Academia China de Ciencias.

El trabajo está dirigido por Liang Yu, investigador del Instituto de Mecánica de la Academia China de Ciencias. Su perfil oficial señala que estudia flujos de alta velocidad, ondas de choque y física de la detonación, junto con equipos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China y del Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo.

Qué significa volar hipersónico

Un vehículo entra en el régimen hipersónico cuando supera cinco veces la velocidad del sonido. En números cotidianos, eso equivale a unos 6.000 kilómetros por hora, aunque la cifra exacta cambia con la temperatura y la altitud.

A esa velocidad, el aire deja de comportarse como una brisa. Se comprime con violencia, forma ondas de choque y calienta la superficie del vehículo hasta convertir el vuelo en una prueba extrema para los materiales, el motor y la electrónica.

Volar bajo cambia el radar

Los radares instalados en barcos y en tierra no ven indefinidamente más allá de la curvatura terrestre. Esa frontera se conoce como horizonte radar, una especie de esquina invisible creada por la forma redonda del planeta.

Un vehículo rápido que permanezca bajo esa línea podría aparecer más tarde en las pantallas y acortar el margen para identificarlo, decidir una respuesta y lanzar un interceptor. La combinación de baja altura, velocidad y maniobras también vuelve menos predecible su ruta, justo el tipo de problema que una evaluación oficial estadounidense de 2026 considera difícil de rastrear.

El calor es el gran muro

Volar cerca de la superficie añade una dificultad importante. El aire es más denso que a gran altura, por lo que aumenta la resistencia y también el calentamiento alrededor del vehículo. Es parecido a sacar la mano por la ventanilla de un coche, pero llevado a una escala brutal.

Por eso el proyecto aborda la forma aerodinámica, el control de las ondas de choque, la protección térmica y el comportamiento de materiales sometidos a condiciones severas. Lograr velocidad durante unos segundos en un ensayo no basta. El verdadero reto es mantenerla, dirigir el vehículo y proteger sus sistemas durante todo el trayecto.

Propulsión mediante detonación

Una de las líneas asociadas al equipo de Liang Yu es la propulsión por detonación oblicua. En lugar de quemar el combustible con una llama relativamente estable, esta técnica emplea una onda de choque para comprimir la mezcla y liberar energía con gran rapidez.

Sobre el papel, el método podría producir más empuje con un motor compacto y mejorar la eficiencia en determinados regímenes de vuelo. Pero una revisión científica advierte de problemas como la interacción con las paredes del motor y la estabilidad de las ondas, obstáculos que deben resolverse antes de hablar de una tecnología operativa.

La Armada no queda ciega

Para la Armada estadounidense, un futuro misil hipersónico de baja altura podría reducir la utilidad de los radares navales como primera alerta. También presionaría a sistemas como Aegis, porque detectar un objeto no garantiza disponer del tiempo, la posición y la solución de tiro necesarios para interceptarlo.

Pero eso no significa que una sola tecnología china anule toda la defensa. Estados Unidos combina sensores en barcos, radares terrestres, comunicaciones y satélites, mientras desarrolla seguimiento espacial e interceptores contra amenazas hipersónicas. La Agencia de Defensa Antimisiles define estos sistemas como «retos únicos, pero superables».

Lo que falta por demostrar

En la información pública consultada no aparecen un prototipo, una prueba de vuelo, la altitud prevista, el alcance ni una fecha de entrada en servicio. Tampoco hay datos abiertos que demuestren que China pueda mantener un vehículo hipersónico rozando el mar durante una misión completa.

Sí existe una línea de trabajo más amplia. El Instituto de Mecánica inició en octubre de 2024 otro proyecto sobre los límites del vuelo hipersónico en distintos regímenes, una señal de que Pekín está construyendo conocimiento paso a paso. Si la nueva investigación supera sus obstáculos, podría estrechar la ventana de reacción de las defensas del Indo-Pacífico, pero ese salto todavía no está probado.

El proyecto oficial se ha publicado en los portales institucionales de la Academia China de Ciencias.


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