Opinión

Golpistas en el Consejo de Ministros

Lo más grave que puede suceder en una democracia es que sus representantes se dediquen a horadarla desde dentro, bien ordenando a mandos políticos-policiales que no investiguen la corrupción del Ejecutivo o desacreditando a la Justicia cada día porque los jueces tienen la peculiar manía de hacer cumplir la ley. Las ramificaciones mafiosas del gobierno más depravado moral y políticamente de la democracia alcanzan todas las esferas del sistema, lo que explica la parálisis social y la tranquilidad callejera, sucesos incomprensibles en esta Europa a punto de perder su esencia y raíz, su libertad y origen, sus fundamentos y pilares. Francia es el laboratorio caído que se extenderá por todo el continente como mancha imborrable de decadencia patrocinada.

En España, desaparecido el PSOE menos bueno (pues nunca hubo uno digno de tal epíteto), sólo quedan un autócrata y su cohorte de palmeros dispuestos a inmolarse con él, entre ellos, el ministro macarra, responsable de cuarenta y siete muertes, quien dedica su jornada ociosa al insulto y oprobio porque en su vida no ha hecho otra cosa que trincar de lo público y medrar con los favores ajenos. Le acompaña el candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, el mismo que pedía a Villarejo informes sobre los prostíbulos del suegro de Sánchez y hoy ejerce de chapero político del jefe de dicho entramado mafioso.

Ambos se han dedicado estas semanas, junto al bulócrata Félix y al doctor en presupuesto público Patxi Nadie, a deslegitimar a jueces y fiscales, a policías y guardias civiles y a periodistas, todos ellos no controlados ni sondeados por la cueva de Alí Ferraz y, por tanto, sospechosos de ser libres, contar la verdad, aplicar la ley e impartir justicia. Todo lo que, en suma, no gusta ni place al autócrata, al que la UCO ya sitúa como número uno de las malolientes cloacas socialistas. Sugerir que detrás de la lucha contra la corrupción exige un intento de golpe de Estado es, de facto, un intento de golpe de Estado. Así alientan a su pesebre subvencionado para que vayan calentando la plaza de aquí a la convocatoria electoral. Y por si la compra de votos mediante subvenciones, pensiones infladas, empleo público y demás prebendas a socios igual de corruptos no fuera suficiente, siempre quedará el pucherazo del CERA y los votos que la ley de nietos está legalizando por media Hispanoamérica y que convertirá a Buenos Aires en la tercera provincia española en número de votantes cuando se abran las urnas.

No hay semana sin delito, ni día sin información sobre la corrupción de esta banda política concebida para el crimen. Que todavía no haya estallado el país es sinónimo del grado de control putrefacto al que ha llegado Sánchez con la población. La izquierda, que olvida toda crítica cuando quienes roban y corrompen son los suyos, no saldrá a protestar este hurto a la soberanía nacional de Sánchez y sus secuaces de la Rosa Nostra. Porque en su atribulada cabeza llena de odio, rencor, envidia y sectarismo, la alternativa, si es de derecha, siempre será peor. Puestos a robar, que sean los míos, piensa el zurdo para sus adentros. Y eso lo saben en el Consejo de Ministros, ese órgano ilegítimo que gobierna sin presupuestos y dedica sus días a escupir a la ciudadanía que pide o juzga cárcel para los que ahí dentro firmaban delitos con sello presidencial.