Es la extrema izquierda, los secuaces de Pablo Iglesias
Dicen manifestarse por la libertad de expresión y en contra del encarcelamiento de Pablo Hasel, condenado por ser reincidente en sus injurias a la Corona, pero quienes toman estos días las calles en Madrid, Barcelona y otra capitales son profesionales de la violencia, alborotadores que utilizan cualquier pretexto para provocar el caos. Son los de siempre y hacen lo que siempre han hecho, de modo que convendría no caer en la trampa de la extrema izquierda y situar en su contexto los incidentes: Hasel, un rapero que suple su evidente falta de lucidez artística con la injuria y la calumnia, no es más que la excusa para que la guerrilla urbana de toda la vida campe a sus anchas y destroce todo lo que encuentre a su paso.
El delincuente Hasel es la excusa que los secuaces de Pablo Iglesias utilizan para sembrar el caos. No respetan nada ni a nadie, están al margen de la ley y si quisieran manifestarse podrían hacerlo sin problemas, pero viven de la violencia y se retroalimentan de la violencia política de aquellas formaciones que quieren acabar con el sistema. Es así de sencillo, por eso entrar en su juego y perderse en disquisiciones sobre la libertad de expresión es una solemne estupidez, el anzuelo que ha lanzado Pablo Iglesias para avivar los instintos más básicos de una legión de violentos que, una vez prendida la mecha, encuentran en las palabras del vicepresidente segundo del Gobierno la justificación para sus actos vandálicos. Lo insólito no es que los violentos desaten la violencia, sino que un partido que forma parte del Gobierno de España aliente y ampare la violencia. El problema es ese: que un sector del Ejecutivo esté moviendo los hilos de las guerrillas urbanas de extrema izquierda. De modo que volvemos a la raíz del problema: que hay un señor sentado en el Consejo de Ministros que está feliz de que la violencia se adueñe de las calles.
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